Rafael Davila «Jugando con el independentismo y el terrorismo»

Ninguna nación del mundo admite que se sienten en sus instituciones democráticas terroristas o sus franquicias; tampoco independentistas que llevan como programa destrozar la nación a base de fragmentarla, incumplir la Ley, cambiar su historia y encima proclamarse víctimas políticas, incluso mártires (lo que no dicen es que lo son, pero del 3%). Y no lo permiten precisamente por ser naciones democráticas. Repito: ninguna nación del mundo lo admite.  España sí.

Camino de terminar el juicio por rebelión habrá sentencia condenatoria, seguramente indulto y vuelta a empezar. Mientras les dejen…

Ya nadie se acuerda de aquel, ni se acordará, mes de octubre. A nadie le importa más allá de su plato de lentejas. El independentismo seguirá, como sigue el terrorismo, ejemplo a seguir, que después de asesinar y asesinar ha conseguido sentarse en las instituciones avalado por un Tribunal Constitucional ad hoc que le quitó la razón al Tribunal Supremo. El más grave y antidemocrático escándalo de esta democracia.

Si los terroristas matando han logrado lo que han logrado ¿no lo conseguirán los independentistas? Desde luego mucha oposición no se ve y el camino cada vez se lo encuentran más despejado. Su amenaza, sus acciones y apoyos a la moción de censura, situaron en el camino al señor Sánchez a La Moncloa;  tendrán su recompensa.

Un análisis sencillo es suficiente para concluir que España está en grave peligro. El grave riesgo es el terrorismo y el independentismo. Hay otro: los que nos gobiernan o están a punto de hacerlo. Inician los trapicheos bajo el lema: “Yo primero”. El riesgo son ellos, incapaces de afrontar el grave riesgo de la independencia y las filiales del terrorismo. Parece mentira que no se den cuenta de la urgente necesidad de hacer un frente común contra ese grave peligro. Sacar adelante la idea de España, de la unidad de España, contra franquicias del terrorismo e independentismo.

No señor presidente, España no es una nación de naciones. España es una nación soberana que no debe admitir la indecencia de que alguien llegue a ser presidente de su nación gracias a las franquicias del terrorismo y a los independentistas. Ese no es el camino. Eso es una vergüenza, por dejarlo posado suavemente.

Menos mal que aún nos queda Nadal, banderas en los balcones, muchos españoles dispuestos a no entregar España y, nos queda, por supuesto, un pelotón de soldados.

Mientras eso nos quede hay esperanza de que llegue el momento de lograr que nadie juegue con la unidad de España y que jamás alguien pueda alcanzar sus objetivos con el asesinato.

A ver si nos enteramos de cuál es la situación real. Con gente así no hay que abstenerse sino oponerse. Oponerse es decir ¡no! a quien ayer decía sí a ese camino emprendido al lado de independentistas y filoterroristas.

Fuente: Blog