Pedro Pitarch:¡QUE TE LEVANTES!

PitarchVine a las Fallas pensando en olvidarme un poco del blog y para disfrutar plenamente de esa explosión de luz, color y júbilo que Valencia es durante sus fiestas mayores. Pero, ¡ca! Un diario nacional publicando un video sobre un supuesto maltrato a dos iraquíes detenidos, a comienzos de 2004, en la base principal de la brigada española desplegada entonces en Irak, dio al traste, en alguna medida, con mis lúdicas intenciones. El tema no es precisamente banal. Los hechos mostrados en ese video junto con el relato del caso causan primero sorpresa, luego perplejidad y después, como mínimo, estupor. En todos esos estados, además, rechazo.

El debate en los medios ha sido muy intenso estos últimos tres días. Yo mismo fui ayer entrevistado por dos canales de televisión. Por cierto, comprobarán que los títulares que me atribuyen no se corresponden exactamente con lo que digo. Cosas de los medios. Asimismo he recibido, por vía perifrástica, varios “inputs” de comentaristas habituales señalando el interés “blogístico” del tema. Tal como me comprometí en un comentario al post anterior, no me queda más que colgar este post para el debate “serio y cabal” sobre algo que no es solo de intensa actualidad, sino también extraordinariamente sensible. Tanto para las FAS como para la sociedad española en general.

Se especula mucho sobre cual puede ser el interés de unos u otros para que el asunto, al parecer sucedido hace nueve años, se destape ahora. Pero yo creo que eso no es muy operativo. Es perderse por las ramas. Porque lo importante del caso no son las razones del mensajero sino el mensaje mismo. En otros términos, lo fundamental reside en si lo relatado es o no cierto. Ésta es la cuestión. Pienso que en el interés de las FAS, y más concretamente del Ejército, estaría en que el tema se sustanciase con celeridad y transparencia. No debe permitirse que la duda vuele sobre la ejecutoria de las FAS en su acción operativa en el exterior. No sería justo que la acción esforzada, brillante y ejemplarmente limpia de más de 130.000 militares, que hemos participado en misiones en el exterior durante los últimos 25 años, fuera mínimamente enturbiada por un potencial suceso de vejación y maltrato de detenidos, bajo custodia de nuestras tropas, en el interior de una base española. Guarda que no solo significa impedir la escapada de los detenidos, sino también garantizar su integridad física.
En mi opinión, tres son los escalones de una empinada cuesta a subir. El primero es autenticar el video. Es decir, demostrar que los hechos relatados sucedieron realmente. Que los personajes del video son reales, tanto los que aparecen como maltratadores como los maltratados. Y que sucedió en el lugar que se narra. El segundo escalón consistiría en investigar y determinar quiénes fueron presuntamente autores, cómplices o encubridores de los desmanes. Así como las circunstancias en que tales hechos se produjeron. Porque el acceso a presuntos criminales en un centro de detención/calabozo no sería —se supone— libre y sin vigilancia. Y, en el tercer tramo de la empinada escalera, estaría, en su caso, la exigencia de responsabilidades a todos los anteriores. A los militares nos inyectaron en vena que mando y responsabilidad son indisociables. Y, en consecuencia, el mando siempre es responsable, en el grado que sea, de todo lo que sucede en su ámbito de su “jurisdicción”. No solo debe cumplir con su responsabilidad propia, sino también controlar y exigir a sus subordinados que cumplan la respectiva.
En resumen, parece incuestionable la necesidad de rápida aclaración de los hechos relatados. Evitando caer en la frecuente tentación del paternalismo mal entendido. Los hechos, si se confirmaran, aunque fueran de limitado alcance en número de personas, revestirían una gravedad supina que, previsible y potencialmente, solo la acción penal (prescripciones aparte) podría abordar. En un estado moderno, su actividad militar, incluyendo la operativa, no puede disociarse del derecho. Ni nacional ni internacional. Ni de las leyes o convenios que conforman el derecho de guerra. Ni de la prevalencia de los derechos de todo ser humano, sea criminal tanto presunto como confeso.

Fuente : elblogdepitarch

Carmen D

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