Pedro Pitarch»Lo peor está al caer»

Se cierra el año con Cataluña copando los titulares. Torra, recién condenado, por el TSJC, a año y medio de inhabilitación por un delito de desobediencia, responde orinándose sobre la Justicia. Vocea “a mí no me inhabilita ningún tribunal”. Se auto sitúa pues fuera del control judicial, como si fuera un “angelote de esos que hinchan los carrillos en los cuadros de Murillo”. Y, lamentablemente, no le falta razón. Porque, por aquello de los recursos, ganará tiempo para sus fechorías, hasta convocar autonómicas. Dará entonces paso a Puigdemont. Y ya no habrá nada que inhabilitar.
Otro angelito de carrillos orondos, Junqueras, está botando de alegría. Sus compinches también están eufóricos por el fallo, del pasado 19 de diciembre, del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). Éste ha decidido que a aquél debió permitírsele salir de la cárcel, donde estaba en prisión preventiva, para acreditarse como parlamentario europeo. Pero ahora ya está cumpliendo condena de 13 años por sedición y el mismo tiempo de inhabilitación, por sentencia firme del Tribunal Supremo. Consecuentemente, parece no haber lugar para solicitar el suplicatorio al Parlamento Europeo, porque tal figura es para procesar a un parlamentario, no para ejecutar una sentencia firme. Junqueras, por tanto, debería seguir entrullado.
Estamos ante un buen embrollo jurídico que, además, a quien más beneficia es a Puigdemont. Éste, fugado de la justicia, exhibe ufano la acreditación (provisional) de parlamentario europeo. Es toda una farsa. Tanto el TJUE como el novel presidente de la eurocámara parecen haber olvidado que las condiciones para ser parlamentario europeo las fijan los países al que cada uno representa.
Y, mientras tanto, el sanchismo y ERC prosiguen negociando lo innegociable, para investir a Sánchez como presidente del Gobierno. ¿Quién se acuerda ya de sus declaraciones, asegurando que en ningún caso negociaría con el independentismo? Qué locura, pero lo que el general Fernando Cano llama la “carrera por la imbecilidad” empezó hace mucho. Así, por ejemplo, con una ley electoral que permite candidaturas de delincuentes o fugados de la justicia; o que favorece la atomización parlamentaria. O con una administración de justicia hiper garante y, consecuentemente, super lenta. O, con un Estado que abdica de su responsabilidad de garantizar la seguridad pública y la igualdad de todos, en todo el territorio nacional.
En suma, allí donde se pinche, saltan chispas. España, finalizando 2019, parece ingobernable. Es la apoteosis de la democracia perpleja. El sistema político, que se revela manifiestamente débil, parece un mindundi europeo, y se está desplomando hacia una crisis profunda. Seguramente, con los mimbres actuales, incluso formándose el Gobierno que se pretende, éste no tendría recorrido (borrascoso) más allá de 2020. Así que, o cambiamos de mimbres o nos preparamos, en “prevengan”, para enfrentar lo peor. Que está al caer.
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