Pedro Pitarch:”FAS, CAMBIO DE PARADIGMA “

PitarchEsta segunda semana de octubre, horquillada entre el lunes 7, de presentación de los presupuestos de Defensa para 2014, y el sábado 12, de celebración de la Fiesta Nacional (reducida en realidad a un nuevo Día de las FAS), ha traído más confusión e incertidumbre al futuro de la defensa nacional. Ni las “explicaciones” del Secretario de Estado (SEDEF), de la Subsecretaria (SUBDEF) y del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) del primer día ante la impávida comisión de defensa del Congreso, ni las del propio ministro de defensa, en su semana más mediática, fueron más allá de explayarse sobre lo evidente. El presupuesto de Defensa presentado no se corresponde con el que indefectiblemente se consolidará. Porque se han hurtado más de 1.500 millones de euros, que habrán de gastarse en 2014, entre las misiones en el exterior y los pagos de los programas especiales de armamento. Tampoco se han cuadrado las cifras de personal. Por ejemplo, a la vez que se afirma que ”no sobran” efectivos, también se dice que hay “excesivos” mandos. Y así casi todo lo importante. La única carga de profundidad deslizada bajo todo ese discurso semanal es que el actual modelo de FAS hace agua. Poca novedad sin embargo. Eso ya se reflejaba en el post ¿Y AHORA…QUÉ PODEMOS HACER”?, el pasado 17 de junio, (http://elblogdepitarch.blogspot.com.es/2013/06/y-ahoraque-podemos-hacer.html ).
Si el modelo actual de FAS no sirve, habrá que cambiarlo. ¿Por qué nuevo modelo? ¿Hay que cambiar de paradigma en base a las necesidades de la defensa nacional o, simplemente, a lo que el estado/gobierno está dispuesto a gastarse? En otros términos, ¿se ha llegado a esa conclusión por la razón estratégica o meramente por la económica? ¿No estarán algunos confundiendo el cambio con la mudanza? Demasiadas preguntas. Todas de golpe. Excesivas incógnitas para un asunto, la defensa nacional, que debería ser, tanto para el gobierno como para la oposición seria, una de sus más transparentes prioridades de estado. Porque, y esto tiene que tenerlo claro todo el mundo, en la dejación en que se encuentra la defensa nacional por la falta de operatividad de las unidades militares, existen responsables con nombres y apellidos. El profesor R. Calduch Cervera, uno de los mayores expertos civiles en seguridad y defensa, lo expresaba así recientemente: “En algún momento alguien tiene que denunciar públicamente, ya que no pueden hacerlo los propios militares, que el punto crítico de la Defensa de España ya se ha rebasado y que está en juego la propia seguridad de los españoles al dejarnos inermes ante los grupos y países más agresivos, algunos de los cuales operan en la vecindad de nuestras fronteras”. Eso es precisamente lo que desde esta humilde página venimos haciendo con espíritu constructivo, aunque la crítica, fundamentada, sosegada y con buenos modos, irrite a algunos responsables y, cómo no, también a otros que no lo son tanto.
El propio JEMAD en su comparecencia en el Congreso hablaba de la necesidad de “enlazar todo este proceso de ajuste presupuestario, de reducción y asunción de las responsabilidades presupuestarias, tal como lo estamos haciendo, con un proceso de transformación conceptual y de las estructuras orgánicas y operativas, que hagan cada vez más eficientes nuestras Fuerzas Armadas”. En román paladino, esa transformación (conceptual, orgánica y operativa) no indica otra cosa que un cambio de paradigma, de modelo, de FAS, del que hablaba recientemente el ministro de defensa. Pero un cambio de modelo, que no sea mera cosmética, en primer lugar e indefectiblemente tiene que apuntar sus más potentes bocas de fuego al área de personal. El parámetro más sensible, sin duda. La propia lógica ministerial lo confirma aunque parezca una apología de lo obvio: “las Fuerzas Armadas hoy en día tienen que tener más gente abajo y la gente necesaria arriba”. Pues claro, Sr. Ministro. Pero no solo hoy en día. También lo fue ayer y lo será mañana. Al menos en lo que respecta al Ejército de Tierra y la Armada (en el Ejército del Aire ya es otra cosa). De todas formas, si “no sobran” efectivos y la cabeza es demasiado gorda, entonces la conclusión sería que para mantener el volumen actual hay que reducir cuadros e incrementar el de tropa y marinería.
Pero, me temo, las cosas no van por ahí. Posiblemente estamos ante una cortina de humo. Porque las FAS son rehenes de una estructura presupuestaria de un 78% de gastos de personal en vez de, por ejemplo, un 40%, que sería un objetivo tendencial razonable. Y tal objetivo para unas FAS eficaces demanda o triplicar los actuales gastos de defensa —lo cual es una quimera—, o una fortísima reducción de personal en activo (acompañada de un fortalecimiento serio del sistema de reservistas voluntarios). Tanta más reducción de tropa y marinería cuanto más rápido quisiera marcharse hacia aquel objetivo, ya que los cuadros, en principio, estarían colgados del presupuesto hasta la edad de retiro (jubilación) del régimen general (65 años de edad). Es último término, serían el Ejército de Tierra en primer lugar, y la Armada en el segundo, los que más sufrirían las consecuencias de un cambio de modelo. Decir otra cosa, amigos míos, es escribir en el agua.
Otro aspecto fundamental en un cambio de paradigma es el del armamento. El Sr. Morenés ya ha deslizado su propia visión, cuando hablaba hace pocos días de equipar a las FAS con “sistemas de armas de nueva generación”, así como que “podríamos tener unas Fuerzas Armadas muy eficaces siempre que compensemos [su menor tamaño] con los sistemas de armas que les den la operatividad necesaria”. Supongo que los de la industria de defensa y “fauna agregada” se estarán frotando las manos. Es un discurso coherente con ese objetivo tangencial de estructura presupuestaria aludido anteriormente. Parece pues claro que personal y armamento van a ser términos opuestos, de fuerte confrontación presupuestaria, en el próximo futuro. No carece de base, por tanto, la preocupación creciente entre los miembros de las FAS —denunciada por las asociaciones profesionales—, frente a un cambio de paradigma con objetivos difusos y una política informativa confusa y de corto recorrido. Porque detrás de los fríos números hay personas, familias y legítimas expectativas personales y profesionales, que no pueden pairarse alegremente.
Puestas así las cosas, parece urgente que se clarifique qué significa, en realidad, ese anunciado (casi subrepticiamente) cambio de modelo de FAS, que es como decir del propio concepto de defensa nacional. Tanto en lo referente al personal como a los sistemas de armas y equipamientos, así como a una imprescindible estabilidad presupuestaria. Porque, en definitiva, sin ésta no se podrá reconstruir una defensa nacional que merezca tal nombre.
Fuente: Pitarch

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