Pedro Pitarch «Radicales en exceso»

La agripnia provocada por el acuerdo de coalición entre la izquierda (PSOE) y la extrema izquierda (UP) ha traído tiempo nocturno adicional para la reflexión. Y entre tanta duermevela, dando vueltas al escenario político que supone tal concierto de Gobierno, uno ha llegado a preguntarse: ¿y si no fuera para tanto? ¿Y si ese pretendido Gobierno, al que sus muñidores pomposamente adjetivan de “progresista”, no resultara tan inestable y desastroso como tantos tememos?
Tal Gobierno podría formarse antes de Nochevieja. Sería legítimo de origen en una monarquía parlamentaria: uno de los posibles ejecutivos salido de las urnas tras el cansino refrendo de la aritmética. Aunque existan otras opciones, que gusten más o menos a unos u otros, no parecen ser el caso. Y no solo por la inminencia del proceso de investidura, puesto que la ronda de consultas del Rey con los partidos se sustanciará en los próximos tres días. Sino también por el creciente desencuentro de los partidos de centro y de la derecha; lo que está municionando a la extrema izquierda que ya repta ansiosa hacia las más aterciopeladas moquetas del poder. Pablo Iglesias bala ahora como un corderito. Qué razón tienen los sociólogos cuando dicen que la conducta del ser humano está gobernada por sus expectativas.
Pero, para que aquel acuerdo fructifique, es necesaria la muleta independentista, cuyo discurso se mueve por una cadena de cuatro eslabones: conflicto político; nación; autodeterminación; y república independiente. Y como, de tales objetivos, tanto el PSOE como ERC conocen las limitaciones constitucionales, en la mesa de la extorsión Lastra-Rufián los esfuerzos irán dirigidos a salvar la cara de ERC en el seno independentista, para que esta formación se abstenga y Sánchez pueda ser investido. Pero asimismo quedará apuntalada aquella cadena de objetivos. Por eso, sin reformar la Constitución, en la XIV legislatura, asistiremos a un proceso acelerado de traspaso de competencias de titularidad estatal a Cataluña, apelando al artículo 150.2 de la Constitución.
Frente a ello, cada uno puede imaginarse la reacción de las otras Comunidades: aquí priman la centrifugación y el “forofismo” sobre el análisis de los fenómenos complejos. Todo vale si sirve para alcanzar los objetivos de cada uno. Jules Henri Poincaré, gran matemático y filósofo de la ciencia, lo formulaba así: “dudar de todo o creerlo todo son dos soluciones igualmente cómodas, porque tanto una como la otra nos dispensan de reflexionar”. Y, traspasada tal holgura, somos demostradamente radicales en exceso.
Fuente: Blog

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