Operación Algeciras – Comandos Argentinos en Gibraltar

OperacionAlgecirasLa Operación Algeciras fue una operación frustrada de comandos argentinos, en el contexto de la Guerra de las Malvinas, que pretendía atacar y destruir unidades navales británicas en el puerto de Gibraltar.

La operación, ultra secreta, fue autorizada por el Almirante Jorge Isaac Anaya. El comando constaba de 4 miembros, dos de los cuales habían sido antiguos terroristas montoneros con experiencia de buzos: Hector Rosales, ex oficial de la armada y miembro del servicio de inteligencia argentino; el “PeladoDiego, conocido también como Nelson Latorre o Miguel Angel Castiglia; el “Marciano”, su auténtica identidad es todavía un misterio, pero se sospecha que tiene actualmente un cargo en un organismo internacional con sede en Nueva York, al tiempo que sigue colaborando con el servicio de inteligencia naval y Máximo Nicoletti, hijo de un buzo italiano, ex buzo táctico y montonero en los años setenta.

Los comandos argentinos llegan a Madrid vía París y se dirigen a la costa mediterránea en las cercanías de Gibraltar, donde se establecen discretamente y comienzan a observar el tráfico naval de la roca. Previamente han comprado en El Corte Inglés de Málaga una lancha neumática y todo el material de buceo necesario, comentando a los vendedores que practicaban la pesca deportiva. Se deciden por unos grandes almacenes porque en una tienda especializada les hubieran hecho demasiadas preguntas.

Las minas y explosivos eran de procedencia italiana y debían llegar por valija diplomática. En el equipaje llevaban unos arneses de combate que hicieron pasar en aduanas como material fotográfico submarino. El grupo debía actuar de manera independiente y en caso de ser capturados estarían a su suerte, pues no serían reconocidos como soldados argentinos por el gobierno argentino.

Los comandos se establecen en varios hoteles de la costa y hacen vida normal de turista, yendo a menudo al Casino de Marbella. El día 2 de mayo observan que entran una fragata y un transporte militar británicos en Gibraltar, e inmediatamente piden permiso a Buenos Aires para actuar, vía embajada argentina en Madrid. La respuesta es decepcionante: se les ordena no actuar debido a que se están llevando a cabo negociaciones con los británicos y una acción de este tipo las podría arruinar.

Los comandos no se esperaban esta contraorden, y después de discutirlo mucho, deciden finalmente acatar las instrucciones de no atacar. Esa misma noche se produce el hundimiento del ARA Belgrano, lo que los sume en una gran impotencia. Deciden a actuar en la próxima oportunidad que se presente, y visto que el buque argentino ha sido hundido fuera del área de exclusión, solicitan permiso a la armada argentina para identificarse como soldados argentinos, cosa que se les deniega nuevamente.

Después de unas semanas observando las instalaciones británicas, se deciden a inspeccionar la zona militar de la roca y para ello se adentran una noche en la bahía de Algeciras con la lancha neumática, dirigiéndose a los muelles británicos. Al acercarse a las instalaciones militares, se dan cuenta de que las torretas de vigilancia están desguarnecidas, lo que les hace sospechar que no va a haber mucho trasiego de unidades navales importantes. Deciden atentar contra una corbeta con base en Gibraltar.

Los ingleses, que habían descifrado los códigos argentinos, se enteran de la existencia de la célula argentina en el campo de Gibraltar. Hay un acalorado debate en el War Cabinet sobre la conveniencia de informar a España de la operación. Al mismo tiempo, se produce la detención fortuita de uno de los comandos en Málaga cuando fue a renovar el contrato de uno de los coches. Tenían tres coches alquilados y habían hecho ya varias renovaciones de contrato, lo que levantó sospechas en la agencia de alquiler de la ciudad malacitana, que había informado a la policía de que sospechaba que pudieran ser narcotraficantes.

Ya en comisaría el comando argentino, tras un breve interrogatorio, espeta al comisario español: “Soy el capitán Fernández, de la Armada Argentina, y estoy en una misión secreta. Desde este momento me considero prisionero de guerra y no diré una palabra más”. A lo que el comisario español contestó: “Si tú eres marino argentino, yo soy sobrino del Papa”. Tras esta conversación se ordena la detención de los dos miembros restantes, que estaban en San Roque.

Procedidos los arrestos, el trato entre policías españoles y comandos argentinos fue muy cordial, incluso camino de Málaga paran en un restaurante para almorzar juntos. Los españoles lamentaban haberlos detenido por un hecho fortuito y les decían: “Hombre, si yo hubiera sabido que ibais a hundir un barco inglés hubiéramos mirado para otro lado. Después de todo, Gibraltar también es un territorio usurpado por Inglaterra”.

El estado español se encontraba en un brete, pues recién acababa de ingresar en la OTAN y, además, finalmente, los servicios de inteligencia ingleses habían informado oficialmente a los españoles del asunto.

Casualmente estaba el presidente Calvo Sotelo en Málaga, y bajando a unos cuantos miembros de su delegación del vuelo presidencial, metió a los comandos argentinos en el avión, llevándolos discretamente a Madrid, desde donde fueron trasladados a Canarias y de allí a Buenos Aires.

Fuente: GEHM