Marcos de la Cuadra «La encrucijada de caminos»

El patio cada vez está mas revuelto. Conforme se incrementan el número de efectivos de Tropa y Marinería que cumplen los 45 años y adquieren la condición de Reservista de Especial Disponibilidad y el Ministerio de Defensa se ve abocado a buscar soluciones a la desesperada en vista de que su plan de reincorporación laboral es un absoluto fiasco. Ya da igual que le cambien el nombre al «invento» SAPROMIL, PIOL o lo que les de la gana, ¡¡ será por siglas !!. La cuestión es que el Ministerio ha tardado mas de diez años en buscar soluciones para algo que la Ley 8/2006 contenía en sus textos legales y que se pasaron por el arco del triunfo los distintos ministros del PSOE (Juan Antonio Alonso Suarez y Carme Chacón Piqueras) y del PP (Pedro Morenés y Alvarez de Aulate y Maria Dolores de Cospedal García). La actual ministra Margarita Robles Fernandez de profesión jurista se une a un colectivo de ministros a los que la cartera «no les llama la atención» porque es un saco lleno de problemas.

Franquistas disfrazados de demócratas que firman manifiestos y rajan de sus compañeros y superiores politicos «a posteriori» una vez obtenida su pensión y privilegios vitalicios. Un régimen de personal endemoniado que aúna desigualdades laborales y salariales con una alta probabilidad de ser ninguneado en aras a los «designios del servicio» (forma de justificar que se hace lo que nos da la gana, como, cuando y porque queremos). Lejos quedan las normas de conciliación familiar, Protección de Riesgos Laborales, descanso, etc. cualquier cosa queda encubierta tras la palabra mágica «necesidades del servicio«.

Igualmente grave es el hecho de tener unos cuadros de mando que disponen de autoridad para liquidar una baja médica emitida por un médico colegiado (civil o militar, si es por necesidades del servicio) o interpretar con rango de juez y parte el Régimen Disciplinario y Código Penal Militar aplicado a militares y agentes de la autoridad (Guardias Civiles) a pesar de haber sido formados exclusivamente para sus funciones de seguridad colectiva, no para ser juristas, actualmente sus estudios equivalen a Grados de Ingenierías por lo que aún quedan más lejos de conseguir la formación adecuada. Ello en tiempos de paz, nos lleva a la certeza de saber que con ese galón de Oficial se obtienen mas funciones y carreras que las de quienes se forman, opositan y logran una plaza para desempeñar sus funciones en el oficio de la medicina o la judicatura. Otros lo llamarían invasión de competencias o intrusismo profesional, que hace además de que quienes yerran en las conclusiones o actos en los que participan o han participado no sean responsables subsidiariamente del mal cometido, convirtiendo a los militares y agentes de la autoridad de la Guardia Civil en «ciudadanos de segunda» que no pueden esperar justicia en el seno de la administración y cuando se obtiene es porque el asunto se ha elevado a Tribunales Europeos. En cualquier caso todos los problemas actuales son consecuencia ineludible, de una mala Transcición a la democracia de las Fuerzas Armadas, que arrastran desde la sanción de la Constitución del 78. El cuerpo Legislativo y Ejecutivo temeroso de las posibles acciones de los uniformados, los acotó a un redil en el que perpetrar sus desmanes sin mucha molestia para el resto de la ciudadanía, que además les rinde pleitesía a sus máximos representantes como se puede ver en cualquier acto civil. No hay «sarao» en el que no luzca un uniformado entorchado o de muchas estrellas que se precie, para que a pesar de haber desaparecido las Capitanías Militares que disponían de amplia acción sobre la sociedad civil de una ciudad, sigan estando presentes en actos ajenos totalmente a la función de seguridad encomendada a las Fuerzas Armadas. En una invasión total de la vida pública para recordarnos a todos que seguimos aquí y así demostrar que el poder civil no es totalmente ajeno a la función castrense, sino que se apoya en la misma.

Mientras en otras democracias europeas, integradas en la OTAN y con legislaciones mas integradoras de los ciudadanos uniformados, les dan su sitio a los mismos, pero nunca por encima del poder civil. Visitar plazas españolas donde existan cuarteles, bases, etc. es observar la connivencia del poder civil apoyado moralmente por el castrense (en manos de unos pocos).

Y hé aquí que las asociaciones profesionales de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil, llevaban años pidiendo de forma sosegada y acorde a los cauces prestablecidos cambios en la profesión del ciudadano uniformado. Pero el cambio y la revolución vino de los «agitadores» de JUSAPOL quienes en un corto espacio de tiempo mediante la presión mediática adecuada, el apoyo político interesado y la enemistad con las anteriores, consiguió arrancar lo que otros habían firmado y pactado como un logro. Esta claro que los tiempos cambian y o te adaptas o desapareces. Y en esa tesitura se mueven ahora líderes asociacitivos y sindicales, si adoptar la vía agitadora y reivindicativa iniciada por JUSAPOL o reblandecer el espíritu negociador de la administración al ver que se le sublevan los intermediarios necesarios de la acción representativa. JUSAPOL triunfó también donde otros están fracasando porque su colectivo goza de libertad de sindicación, manifestación, etc. en cambio otras iniciativas similares se dan de bruces contra la realidad del inmovilismo, el miedo, el regimen disciplinario aplicado «a tuti plei» como y cuando les da la gana, etc., fallando estripitosamente en sus conclusiones de como abordar el mismo problema pero con reglas de juego diferentes. Y no vale con decir sois esto o aquello porque no seguis lo que os digo, sino porque el miedo es libre y cada cual se arriesga lo que quiere porque de ellos dependen sus familias.

En medio nos situamos quienes ya liberados del corsé del regimen disciplinario, de las necesidades del servicio, del «porque me da la gana y punto«, etc. nos lanzamos a buscar nuevas soluciones para el mismo problema, porque desde la perspectiva vemos que ha fracasado. Buscamos un nuevo frente en el que ellos participan por intermediarios (los partidos políticos tradicionales) y lo hacemos diciendo que no vamos a jugar con sus cartas, queremos un nuevo marco legal distinto, mejoras salariales, respeto hacia nuestras funciones y trabajos independizandonos de las ataduras de las normas arcaicas aplicadas en tiempos de paz. Y lo hacemos de forma descarada, diciendoles a quienes quieran participar que lo hagan, que estamos abiertos a sus ideas, propuestas y a incluirlos en nuestras listas para que ellos que son los que conocen los problemas los intenten solucionar. Gente apolítica, pero profesional, que vela por si y los suyos, que está harta de las mismas respuestas y de que sus propuestas e ideas sean tratadas como algo marginal o incluso desdeñable cuando se entremezclan intereses de otros ya sean dentro de los partidos políticos, empresas o instituciones. No somos profesionales de la política, somos gente como tú, cansada de que se canchondeen de ella unos y otros. Por eso nació Milites – Partido de los Ciudadanos Uniformados, para dar cabida a ese sector de la población (ciudadanos) que se sienten traicionados una y otra vez, que sienten que sus problemas y los de sus familias siempre son los últimos y que son prescindibles. Ahora nosotros elegimos la arena y el campo de juego, no ellos.

Al igual que JUSAPOL, tenemos enemigos dentro del sistema y fuera, pero les ofrecemos reconducir la situación, aprovechar los nuevos cauces e intentarlo. Los «dinosaurios» escribirán ahora en sus blogs y sus artículos publicados en revistas especializadas el gran «leviatán» que se le viene encima a la familia castrense, porque unos pocos de sus uniformados se han cansado de bailarles el agua a los de siempre y nos pondrán etiquetas, para descalificarnos, aun cuando el mejor servicio que nos harán será darnos la publicidad de nuestras existencia.

¡¡ Que no se diga que no se intentó, aun cuando se pueda fracasar !!