Marcos de la Cuadra «Incapacidad para avanzar»

Desmotivación según el DRAE – Diccionario de la Real Academia de la Lengua es definida en su primera y única acepción como la «Falta o pérdida de motivación» o lo que es lo mismo de avance ya sea personal o profesional. La desmotivación es un mal que aqueja a las actuales Fuerzas Armadas provocada por una mas que constatada e ineficiente gestión de los recursos humanos que hacen que los mismos salvo por la mas que honrosa capacidad personal de determinación y pundonor deseen alcanzar alguno de los empleos militares. Y he ahí que nos encontramos con el gran problema que aqueja a las FAS, estratificadas en determinados problemas muy identificados en función de la escala a la que se pertenezca.

En la base de las Fuerzas Armadas encontramos el colectivo mas castigado, la Tropa y Marinería con una tasa de temporalidad que afecta a mas del 80% de sus integrantes estratificados en compromisos (denominación alegal de lo que es un contrato laboral en España) temporales y en militares de carrera, con un compromiso único (que no una carrera). Este colectivo sufre una imposibilidad física de avance al tener limitadas las pasarelas de ascenso a otras escalas, conculcadas por los límites de edad contrarios a la legislación de la Unión Europea y limitada a la estabilidad laboral mediante una selección mas que dudosa de los méritos contraidos para acceder a una relación de servicios permanentes, al ser en muchos casos baremados en función de los mas que cuestionables «informes personales», que ascienden o descienden al candidato a dicha relación en función de su popularidad o impopularidad ante el mando que lo evalúa. Aquejado igualmente de un inmovilismo en la escala que le impide avanzar de empleo una vez logrado el grado de Cabo Primero y que va a conseguir el dudoso honor de mantener en dicho empleo a algunos de sus integrantes la mayor parte de sus años como profesional en caso de ser militaes de carrera, sin posibilidad alguna de ascenso por la carencia de vias de evolución. El análisis final que podemos hacer de esta escala es que por culpa de los gestores y con la connivencia de los partidos políticos tradicionales se encuentra anclada en un bucle de temporalidad, falsa profesionalización por carencia real de carrera y carencia absoluta de remuneración acorde a las funciones desempeñadas, solo motivada por la imposibillidad de lograr avances por carecer de interlocutores válidos y con la debida influencia ya sea dentro de la estructura militar o fuera de ella.

Intermedio a la base pero igualmente aquejado de los problemas de la misma por haberse nutrido de los integrantes de la escala de tropa y de ciudadanos ajenos a la vida militar que llegan en busca de un empleo estable, pero sin vocación, estan los Suboficiales.  Escala que en el pasado aspiraba a ser parte de la élite de las FAS al codearse con la escala de Oficiales (Subgrupo A2), pero que en la actualidad presenta importantes carencias de todo tipo. Un modelo de desarrollo de carrera deficiente al estar limitados por la nefasta Ley de la Carrera Militar. Unos salarios que en el mejor de los casos hacen que se planteen migrar a opciones laborales mas estables y mejor remuneradas como la Guardia Civil u otras FF.CC.SS.EE. Y una falta de capacitación que los convierte en los primeros años en galones andantes sin experiencia (por su origen civil)  y desconfianza del mando por no saber si sabran desempeñar sus cometidos intermedios con la experiencia y profesionalidad requeridas para los objetivos fijados. Lo que en operaciones en el exterior los convierte en inciertos resultados dificiles de admitir por las exigencias de las obligaciones contraidas con organismos internacionales. A modo de resumen podemos decir que esta escala está aquejada de una remuneración exigua, desmotivada por una legislación que no motiva, con un modelo de carrera anticuado y unos componentes de mayor empleo que añoran tiempos mejores en los que eran recompensados con el ascenso a la escala superior y por lo tanto con mayores ingresos en sus pensiones.

En la cúspide de la carrera militar encontramos a la escala de Oficiales, antaño objetivo de cuantos querían hacer carrera militar por la «puerta grande«, pero que en la actualidad se ha contagiado de los mismos problemas que aquejan al resto de escalas, teniendo en cuenta que sus retribuciones corresponden al grupo de superior categoría de la administración pero ya sin la posibilidad de alcanzar el Generalato automaticamente. Durante el periodo 2012 -2016 esta escala se vió reforzada mediante un entramado legislativo y académico de medidas para facilitar el doble grado profesional y académico que les permitiesen de cara a un futuro competir en la sociedad con otros ciudadanos que debían haberse labrado su profesión con estudios y experiencia en empresas. Mientras los Oficiales, recibían por obra y gracia del Plan Bolonia de una titulación académica que compite con dichos civiles sin necesidad de demostrar profesionalmente dicha titulación en ingeniería. Ingenieros Mecánicos, de Organización Industrial,  Medicina y Seguridad, pertenecientes al nivel 3 de MECES y al nivel 7 del Marco Europeo de Cualificaciones a través de los CUDs del Ejercito de Tierra, Armada, Aire, Organo Central y Guardia Civil. Pero incluso esta escala se encuentra actualmente aquejada de los mismos problemas organizativos que afectan a todas las Fuerzas Armadas, unos efectivos desmotivados, mal pagados y un modelo de carrera mal gestionado y peor ejecutado, en el que el problema no son los fondos y el dinero sino como se gastan.

Asi que no hay una escala de las Fuerzas Armadas que se salve de la actual situación de desmotivación profesional que afecta a todos por igual con distintos grados de cobertura, incidencia y desgana por la profesión militar. Hecho constatable por los continuos escandalos que salpican  las páginas de sucesos por los medios de comunicación sobre implicación de militares de alta o baja graduación en delitos sexuales, económicos, laborales, etc. lo que ha devaluado y mucho la percepción de la sociedad  hacia la labor de las Fuerzas Armadas, ya totalmente desvinculadas del recuerdo que suponia el paso de los ciudadanos por el servicio militar y no con buenos recuerdos todos.

Si unimos a la desmotivación profesional, la escasa voluntad de los representantes asociativos que representan al incipiente movimiento legal de petición colectiva (que no sindicación) de lograr acuerdos entre todas las siglas para el beneficio colectivo, tenemos un panorama francamente negativo. Al no confiarse en dichos líderes asociativos para alcanzar ningún acuerdo que represente a ese exiguo tanto por ciento asociado que no ve resultados tangibles, porque el sistema ha fagocitado a los representantes y los ha confinado a sus siglas, especializandose cada cual en las tareas de difamación colectiva de las acciones de los otros, idolatría del representante aun cuando no consiga objetivos, falta de compañerismo, falsa voluntad de diálogo y en no pocas ocasiones descarada tendencia a hacer méritos para una carrera sindical o política y buscarse otro acomodo profesional. O sea un desastre total se coja por donde se coja.

Muchos serán los que no comulguen con mi visión pero como digo es solo mi opinión personal. Otro día hablaremos de los «falsos» adalides metidos a políticos, defensores en sus actuales estructuras políticas de las escalas a las que castigaron cuando ejercían en servicio activo en las Fuerzas Armadas y a los que muchos están dando un crédito inmerecido a los mismos. No hablamos de casos como el de Juan Antonio Delgado Ramos (UP), sino el de otros integrados en partidos políticos a los que han llegado por el único mérito de haber sido generales.