Juan Chicharro:»El honor de un general francés»

Juan_ChicharroParís, 23,45 horas del día 23 de mayo de 1962. El Presidente del alto Tribunal Militar que juzga al General Raoul Salan por rebelión militar y jefe de la facción OAS (Organización Secreta del Ejército) dicta sentencia: “el acusado es considerado culpable” – la sala contiene el aliento – “sin embargo por mayoría de votos se consideran determinados atenuantes”. La abarrotada sala estalla en sollozos y gritos no dejando que el Presidente termine de leer… y entona a gran volumen La Marsellesa.

El General más condecorado del ejército francés del siglo XX se ha librado de la pena de muerte, siendo, sin embargo, condenado a cadena perpetua.

Años más tarde, el 27 de mayo de 1.974, el presidente Giscard d´Estaing le devuelve su condición de General de Ejército y en 1.982 el socialista Mitterrand le reintegra al escalafón de Oficiales Generales con todos los honores. La herida y brecha consecuente que la guerra argelina había producido en el ejército francés quedaba cerrada.

Habiendo crecido el que suscribe entre las lecturas de Jean de Larteguy sobre las vicisitudes de toda una generación de oficiales franceses que lucharon en su juventud en la Primera Guerra Mundial, que como jefes de batallón lloraron la derrota en la segunda y que ya como Generales llevaron sobre sus espaldas la responsabilidad de la lucha en Indochina y en Argelia, aún recuerdo mi admiración por la generosidad de una nación como la francesa al saber perdonar el error de algunos de sus Generales – los más importantes y conocidos – al decantarse en el denominado “putch de Argel” episodio que constituyó una rebelión militar contra el poder legal que personificaba el General De Gaulle como Presidente de la V República.

Francia cerraba así una herida abierta y honraba a los Salan, Jouhaud, Challe, Zeller, Massu… etc.

Pero volvamos al General Raoul Salan.

¿Por qué un hombre héroe de la Primera Guerra Mundial y de convicciones legalistas, que había luchado contra la Alemania Nazi, que había defendido la cultura occidental en Indochina y en Argelia optó en determinado momento por la rebelión militar incurriendo en un gravísimo delito?

Ahondar en estas razones ha sido objeto de numerosas obras así como de biografías y se escapan al espacio de estas líneas. Tal vez la razón última habría que buscarla en su concepto de la profesión militar y en el de su concepto del honor; virtud tan arraigada entonces y ahora en los ejércitos. Una virtud que lleva al cumplimiento del deber hasta sus últimas consecuencias y, que sin ser privativa del estamento militar en ningún caso, se manifiesta en éste con mayor fuerza que en ningún otro.

Lo primero que hace De Gaulle tras haber tomado el poder el 1 de julio de 1.958 es visitar Argelia convirtiéndose en el primer defensor de la Argelia francesa y se asegura el apoyo del ejército. Vive l´Algerie française es su grito en Mostaganem.

Tan sólo siete meses después todo cambia y De Gaulle propicia el fin de la presencia francesa en Argelia. En ese periodo 2.000 soldados franceses caen en combate siguiendo a sus jefes que les han conminado y motivado a la lucha.

Gran parte de los jefes y oficiales del ejército que llevan años en Argelia, que han combatido y que han perdido muchos hombres se sienten traicionados por De Gaulle.

Aparece entonces la rebelión militar – el Putch de Argel – a la que se unirá el General Salan. Fracasado el golpe, el General liderará la OAS que tanto dañó ocasiono; más de 1.500 muertos e innumerables atentados.

El General Salan siempre fue consciente y sabedor que emprendía un camino hacia el fracaso. Si se embarcó en esta aventura fue por sentirse ligado al juramento de no abandonar nunca Argelia, por su compromiso y fidelidad con sus subordinados y por la profundidad de sus convicciones. En definitiva por su sentido del honor.

Fue juzgado y condenado.

El Teniente condecorado con la cruz de guerra y la legión de Honor en un hospital, gravemente herido en la Primera Guerra Mundial, el soldado de quien Delattre destacó como uno de sus mejores Coroneles en 1.944, el que fuera Comandante en jefe de las fuerzas francesas en Indochina y en Argelia descansa hoy en paz en un cementerio en Vichy.

Siempre hay flores frescas en su tumba; en ella se puede leer Raoul Salan soldat de la Grande Armée.

Francia le condenó por su último error pero supo reconocer la grandeza de su sentido del honor y le restituyó todos sus honores.

Hasta aquí la Historia siquiera resumida y breve.

Ahora la anécdota personal de la que toma su origen este artículo:

Allá por los años 70 del siglo pasado tuve la ocasión de conocer a quien fuera primero conductor del Coronel De la Croix De Castries en Dien Bien Phu y posteriormente en Argelia del General Salan. Se trataba de un español, soldado alistado en la Legión extranjera, que se llamaba Méndez Vigo; por él supe de la tremenda amargura que el General sentía por los miles de soldados franceses caídos en combate por unas ideas que él les imbuyó siguiendo las instrucciones de su Gobierno; ideas que mudaron con las vicisitudes políticas que trajeron la V República.

Nunca volví a ver a Méndez Vigo ni sé que fue de su vida posterior. Tan sólo retengo la copia de una vieja cuartilla que el veterano soldado español de fortuna guardaba como oro en paño y que era a su vez copia de la que su General portaba en su coche:

Nul n´a le droit de decider l´abandon d´une portion de territoire ou s´exerce la souverainete de la France.

Ya todo es historia pero recordando que una de las razones que impulsaron al General De Gaulle a posicionarse contra la Argelia francesa fue su convencimiento de la imposibilidad de la asimilación de los musulmanes y del peligro que suponía su demografía para la metrópoli en caso de integración, no puede uno por menos que sonreír cuando observa a las selecciones de Francia de fútbol, atletismo o baloncesto compuestas en su mayoría por magrebíes o subsaharianos y donde brillan por su ausencia los galos.

Paradojas de la vida.

Fuente: Republica