Juan Chicharro «Desorientación general»

En la que nos encontramos los españoles en general, y muy en particular los militares, ante cuanto vemos de la situación en la que se encuentra nuestra Patria en estos momentos. Así, observamos con desasosiego un parlamento en el que una gran parte de él no se encuentra reflejado para nada en el devenir de nuestra nación y me refiero a aquellos que han sabido recoger la ira y el desencanto de gran parte de la población para transformarlos en una opción seudo comunista trasnochada y condenada de antemano al fracaso y en la que reina sobre todo el odio y el rencor. Y de otro lado una amenaza secesionista ajena al sentir de  la mayoría de la población española pero que con una acertada utilización de viejas y conocidas técnicas subversivas se encuentra cada vez más cerca de alcanzar su objetivos sobre todo por no encontrar en casi ningún caso reacción alguna que pueda calificarse de decidida.

No soy persona dada a huir de los problemas en general. Menos aún cuando tratan de amenazar la unidad de nuestra patria o los valores humanos e idiosincrásicos inherentes a esta nación, conformada tras siglos de guerras, conquistas y reconquistas, tratados, traiciones, alianzas, constituciones y multitud de vicisitudes y desafíos. Estos valores, pese a todo, han desembocado en lo que, hasta ahora, se perfilaba como un país con un asentado presente, aunque mejorable, y un esperanzador futuro pero hoy nos encontramos en una sociedad en la que parecen haberse invertido los valores y donde la mediocridad, por un lado, y la vulgaridad y chabacanería, por otro, se han adueñado de muchos centros de poder, en el primer caso, y de la calle y algunos medios audiovisuales, en el segundo. Mientras tanto, la mayoría de la gente -que sigue siendo pacífica, paciente y “normal”- aguanta, estos carros y carretas, en silencio y con cierto temor, sin atreverse a expresar públicamente lo que piensa de la situación, porque esos “colectivos”, ahora en la cresta de la ola, la tacharían ipso facto de “facha”, eufemismo que se vende muy bien. La degradación o el cinismo es tal en algunos sectores de la población, que hay que explicar y razonar lo que resulta meridiano y evidente, como, por ejemplo, que la libertad y el derecho individual tienen un límite que coincide con los de los demás; asimismo, respeto, esfuerzo-recompensa (en ese orden), estudio, principios, etc. son términos que casi causan risa en esos ambientes. Algunos se asombran de lo que ha sucedido en los EEUU con la victoria electoral de Donald Trump sin pararse a pensar en que quizás lo que ha sucedido es que este estrafalario personaje ha sabido conectar con ese sector de la población que está  harta ya de tanta parafernalia y mentiras consecuentes.

Desde este BLOG nunca dejaremos de luchar abiertamente por defender lo que hace algún tiempo entendía casi todo el mundo como “valores”, con los medios que nuestra pluma nos permite, pero comprendo que los tiempos no son muy propicios para ello y tal vez al menos seamos capaces de aguantar, retirarnos en secreto del decadente ambiente actual, conservar los mejores rasgos del acervo moral e influir discretamente en personas o hechos clave y esperar…, esperar a que la tierra sea otra vez fértil y, sólo entonces, sacar las valiosas semillas preservadas en ocultos graneros y volver a sembrar: únicamente después volveremos a cultivar un trigo prístino, un nuevo Kamut, de honradez, decencia, honor, valor de la palabra, esfuerzo, fidelidad, agradecimiento, buen gusto…, en definitiva, lo que ha hecho mejor al ser humano, simplemente por saber distinguir, sin ambages, lo que está bien de lo que está mal. En la edad media fueron los monjes quienes guardaron secreta y celosamente el saber del mundo clásico en tiempos de barbarie, hasta que el Renacimiento les abrió sus puertas de par en par. Este es quizás nuestro reto y nuestra misión en  estos momentos.

¿Por qué os dedicáis a escribir y a haceros significar sin necesidad?

Esto es lo que nos preguntan muchos amigos y nos preguntamos también nosotros. La respuesta es la ya expresada.

Y en cuanto a los ejércitos como institución, me atrevería a decir que viven la situación actual ciertamente preocupados por el devenir general de los acontecimientos y ello sencillamente por la primordial razón de ser depositarios de la misión que le marca la Constitución española, y que hoy muchos pretenden romper, si bien en diversos aspectos ya ni se cumple, incluso de forma insultante. Les pondré un ejemplo: el artículo 4.2 del Título Preliminar de la Constitución establece muy claro que las banderas autonómicas podrán usarse siempre junto a la de España en edificios públicos y actos oficiales. Pues bien, ya me dirán dónde se encuentran el Fiscal General del Estado o el Tribunal Constitucional, valedores del cumplimiento de las leyes y del orden constitucional, cuando en todos los actos oficiales en Cataluña o en el País Vasco se obvia la bandera que nos representa a todos los españoles, de forma ostentosa e insultante. Hay más ejemplos claros de la inoperancia y dejadez de funciones de los poderes públicos, empezando por el propio Partido Popular, hoy en el Gobierno. Los ejércitos, acostumbrados a que las órdenes, disposiciones y leyes se cumplen -y punto- se quedan atónitos ante los desprecios continuos de estas, empezando por lo que dicta la propia Constitución.

Otro aspecto de preocupación permanente en los ejércitos, conocedores de las amenazas reales y riesgos que acechan a nuestra nación en un mundo muy inestable, es la continua merma de los presupuestos dedicados a la Defensa y seguridad de España, de hecho, hoy en 2016, disminuidos en un tercio de lo que fueron hace diez años. Ello obliga a efectuar una continua readaptación de medios y unidades, es decir, a permanentes reorganizaciones orgánicas que afectan al final, no sólo a la eficacia y eficiencia en general de las Fuerzas armadas, sino también, y esto es en gran parte desconocido para la sociedad, a las personas y sus familias, pues obliga a someterse a frecuentes traslados familiares y, desde luego, a la conciliación familiar, ya que hoy en los ejércitos, como en cualquier otro ambiente, la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo y ya no es como antes cuando, trasladado el marido a otra localidad, la mujer y la familia le acompañaban. Hoy esto ya no es tan fácil.

Actualmente tenemos un ejército profesional y creo que muy poca gente es consciente de lo caro que esto resulta, lo que ha obligado a una reducción drástica de la entidad de la Fuerza militar. Los Ejércitos, con los presupuestos actuales, se encuentran bajo mínimos y en rozando con la línea roja de la seguridad. No lo digo yo, en alguna ocasión se lo he oído decir al anterior Ministro de Defensa o al Jefe del Estado Mayor de la Defensa, si bien no de forma clara y rotunda, pues al final observo un conformismo peligroso con la situación. Y aquí no nos olvidamos tampoco de tantos soldados profesionales que finalizando su contrato con los ejércitos después de haber dado toda su vida a ellos se encuentran ahora en situaciones harto complicadas. Muchas son las explicaciones las que desde el Ministerio de Defensa se les dan, y alguna con razón, pero caramba, ¿habrá alguien que reconozca que cuando se suspendió el servicio militar y se organizó la recluta profesional se cometieron errores a sabiendas de que lo eran pero a los que no se les dio importancia ante la lejanía del momento que ya ha llegado?

Los Ejércitos han sido siempre los primeros en comprender que si había que apretarse el cinturón en beneficio de la sociedad se hacía sin cuestionarlo; sucede, no obstante, que viendo el continuo derroche y despilfarro de un Estado manirroto en beneficio de unos reinos de taifas innecesarios, sujeto además a una corrupción desmedida por doquier, la preocupación por la precariedad en la que se ven envueltos es, si cabe, aún más grande.

Por supuesto que también existe inquietud con la posibilidad de la irrupción en el poder de partidos antisistema y claramente rupturistas con el sistema político actual; y ello claramente debido a los postulados que proclaman a voces llenas y sin tapujos. Partidos con los que algunos líderes de otros grupos no dudarían en pactar con tal de asumir el poder, incluso hasta por afanes personalistas. Pero el desconcierto no viene sólo desde la perspectiva general, sino también por la lectura de sus intenciones respecto a las Fuerzas armadas, pues tal parece que les resultan molestas y buscan su neutralización o anulación de su papel como tales, a toda costa.

Largo sería extenderme en muchas más disquisiciones, pero espero que el avezado lector se haya hecho una somera idea del porqué de la desorientación general que al menos el que aquí escribe siente.

Fuente: Blog

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