Irene Lozano «Sumar fuerzas»

Michelle Obama, la primera dama de Estados Unidos, lanzó hace cuatro años la campaña “Joining Forces” (Sumar Fuerzas) e hizo suya la causa de las mujeres militares. Ahora ha decidido reforzarla uniendo estrellas de Hollywood a sus esfuerzos. ¿Por qué? En sus propias palabras: “Como país ni siquiera sabemos que estas mujeres existen, porque aquí sólo un 1% de la población protege los derechos y las libertades del 99% restante”. Razón poderosa.

La invisibilidad de las mujeres militares no es específica de Estados Unidos, sino que se da, con mayor o menor crudeza, en todos los ejércitos donde tienen la fortuna de estar presentes –mejor no hablemos de los países donde se les niega ese acceso–. Una vez más, como en el caso del acoso o las agresiones sexuales, el avance de otros países en esta cuestión se percibe no en que hayan solucionado el problema, sino en la conciencia de que existe desde las instancias políticas. Michelle Obama goza de enorme influencia política y la emplea en causas justas para las que logra consensos nacionales que hacen la envidia de muchos a este lado del Atlántico.

Me contaba recientemente un corresponsal alemán que en el Ejército de su país, la figura del Ombudsman recibe las denuncias que resulta imposible presentar por el cauce reglamentario ante un superior porque él mismo está implicado. Es necesario incorporar estos asuntos a la conversación nacional en nuestro país. El protocolo de prevención y lucha contra el acoso sexual y laboral prometido por el ministro de Defensa no puede ser uno más de los compromisos incumplidos del Gobierno. En todo caso, y en el ínterin, sería lógico empezar a aplicar ya el de la Guardia Civil.

Durante demasiado tiempo se ha tratado de compensar la privación de derechos –legítima en algunos casos, pero no en todos–, así como las exigencias particulares de obediencia, silencio y jerarquía, propias del régimen castrense con grandes loas a su patriotismo y su vocación de servicio. Sin duda, ambas cualidades existen con profusión en la milicia, pero no pueden retribuirse con retórica. Tengo la intuición de que muchas mujeres militares que puedan sufrir o hayan sufrido acoso sexual o laboral se sentirían mucho más seguras sabiendo que nuestra primera dama o incluso nuestra reina quieren abanderar su causa. Es fácil de hacer. Sólo hay que seguir el ejemplo de Michelle Obama. Allí han decidido que las militares dejen de hablar el lenguaje del silencio.

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