Enric Sopena «Buruaga exhibe ahora su fervor por militares de Franco: “Eran honestos, leales, patriotas y buenas gentes”»

Ernesto Sáenz de Buruaga, en su artículo de El Mundo, arremetió, como ocurre casi cada día con el periodismo que embelesa a la derecha y ataca a “la izquierda radical o no”. Además insultó a quienes pretenden “recuperar su sectaria memoria histórica”. Y señaló que la “nueva cruzada ideológica es buscar en el callejero de Madrid calles dedicadas a perversos franquistas”.

Todo comprensible
Advierte Ernesto Sáenz de Buruaga, haciéndose víctima de la izquierda, que “sufrimos con sus decisiones políticas”. Pero, desde luego, deseo que “no nos obliguen a cambiar de apellidos”. Es del todo comprensible, pues, que el mencionado periodista haya defendido a los “militares Sáenz de Buruaga”. Es decir, a parte de su familia.

Antepasados
He aquí su escrito: “Los militares Sáenz de Buruaga fueron honestos, leales, patriotas, buenas gentes y combatían en el bando de los que ganaron la Guerra Civil. Me siento orgulloso de mis antepasados y si tuvieran una calle me parecería un acierto. Y me sentiría ofendido si se la quitan, mientras que otros nombres del otro bando la conservan”.

Probablemente honestos
Los militares citados fueron probablemente honestos. Pero no leales. No cumplieron con su deber. No fueron tampoco patriotas. Francisco Franco era muy amigo del teniente coronel Eduardo Sáenz de Buruaga, otro militar africanista. “Podemos aterrizar con el Dragon Rapide, he visto al rubito”, gritó Franco al ver a su camarada, en efecto rubito, esperando la llegada al poder por la fuerza armada. Ambos, Franco y Buruaga, se abrazaron y lloraron.

Ceremonia en El Pardo
¿Buenas gentes eran aquellos, como Franco, que pactaron con Hitler y Mussolini para vencer al legítimo Gobierno de la Segunda República? Septiembre 1940. A principios de septiembre, el embajador alemán en España, Von Stoher, promovió una ceremonia en El Pardo e impuso a Franco la Gran Cruz de la Orden del Mérito del Águila.

Más claro el agua
Era una señal de que Hitler apreciaba la acción decisiva de Franco en Tetuán. El dictador dijo emocionado que era el triunfo de nuestros “ideales comunes”. Esos ideales comunes duraron cerca de 40 años. El dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar también apoyó el golpe de Estado español, junto a Mussolini y Hitler. Más claro el agua, Ernesto.