Emilio Pérez “Dictamen del Consejo de Estado sobre el accidente del Yak-42”

Ayer un medio publicaba un informe de la Comisión Permanente del Consejo de Estado que, con fecha 20 de octubre del año pasado, reconocía trece años después, la responsabilidad del Ministerio de Defensa en el accidente que el 26 de mayo de 2003 costó la vida a 62 soldados que regresaban de cumplir su Misión en Afganistán.

Como la mayoría de los españoles, no conozco en profundidad el funcionamiento detallado de este Consejo, pero sí que sus miembros son, en su mayoría, ex-altos cargos de las Instituciones del Estado y que constituyen el máximo órgano consultivo del Gobierno. Por este desconocimiento general, me pregunto:

¿Cómo y porqué se trató este asunto en dicho Consejo? después de haberse juzgado en más de una ocasión con sentencias firmes. Pero sobre todo ¿Por qué si el dictamen es de 20 de octubre pasado los españoles de a pie se enteran por la prensa casi tres meses después?

Consecuencia de este inexplicable desconcierto, uno más de los que nos tienen acostumbrados los administradores a los administrados, cunden las voces de dimisiones y solicitud de responsabilidades, etc., lo cual me parece muy correcto, aunque este tema se debería haber sustanciado hace ya trece años.

En aquellas fechas, el firmante de este comentario estaba al mando de la División Mecanizada “BRUNETE” y veinte de aquellos Soldados pertenecían al Regimiento de Ingenieros de la Gran Unidad.

Aunque por mi destino estaba al margen de los procedimientos y controles de contratación de los aviones que ahora se esgrimen para pedir responsabilidades, como Jefe de la Unidad, reuní a todos los componentes de la División y nuestra prioridad fue atender a las familias de nuestros compañeros, acompañarles en su dolor y procurar resolver las infinitas inquietudes y ansiedades que sentían por recoger los restos de sus seres queridos.

Como máximo responsable, asumí la tarea de contactar con los escalones superiores que se encargaban de los trámites necesarios de identificación y repatriación de los fallecidos. En dicha gestión fui consciente de la ignominia con que se trataban las diligencias para llevar a cabo la difícil, penosa y larga actividad de identificar adecuadamente los cadáveres para su correcta entrega a sus allegados. Sin embargo todo eran prisas, tratando de ocultar la verdad con engaños, artimañas y presiones con el fin de desviar la atención sobre la responsabilidad del Ministerio que, con su titular a la cabeza, acompañado por sus colaboradores directos, algunos uniformados por desgracia, en un acto más servil que de servicio, maltrataron indignamente lo más sagrado que debe esperar un soldado si pierde la vida en el cumplimento de la Misión, precisamente por quien se la asignó.

Fue entonces cuando se debía haber privado de toda oportunidad de ostentar ningún cargo que exigiera máxima dignidad a los responsables. Aunque se haga ahora (ya veremos), la ejemplaridad que tanto necesita nuestra España llega tarde una vez más.

Emilio Pérez Alamán Teniente General (R.)

Fuente: Blog