Colombia – Vive una jornada de huelga general con los militares en las calles

Bajo la consigna de «#ElPaquetazodeDuque», el paro de hoy 21 de noviembre está convocado por los principales sindicatos colombianos: la CUT, la Confederación General del Trabajo (CGT), la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode).

La protesta, en principio, estaba dirigida contra lo que los críticos del Gobierno denominaron «paquetazo» que contemplaba una posible reforma pensional y laboral del Gobierno y por la supuesta intención de vender algunas empresas estatales como Ecopetrol.

Sin embargo, aunque el Gobierno del presidente Iván Duque ha dicho que no hay reformas de ese tipo en trámite, el motivo del paro ha ido creciendo, bifurcándose y sumando a todo tipo de colectivos como el de estudiantes, mujeres, afros, indígenas, dignidades, comunidad LGBTI, campesinos, e incluso la oposición política.

Todo tipo de protesta va a estar presente hoy 21 de noviembre: desde los recortes neoliberales hasta las reivindicaciones por un mejor acceso a la educación, contra el «tarifazo» en los servicios eléctricos, contra el asesinato de líderes sociales e indígenas, contra la desprotección del medioambiente, por el cumplimiento de los acuerdos de paz, en favor de los derechos humanos, por el respeto a los derechos LGBTI y contra acciones estatales como la del bombardeo militar de agosto contra disidentes de las FARC, que acabó con la vida de al menos 8 niños, un escándalo que precipitó la renuncia del ministro de Defensa. Un dato que, según reveló el senador Gustavo Petro, alcanzaría la cifra de 314 menores asesinados desde 2004.

El ‘paquetazo’, por lo tanto, fue la primera de las muchas gotas que fueron colmando el vaso de una sociedad que sale a marchar contra el Gobierno de Duque, electo el pasado 27 de mayo de 2018.

Duque: «llaman a incendiar la sociedad basándose en mentiras»

Iván Duque enfrenta una crisis de Gobierno. No solo por la marcha del jueves, sino por el descontento general, que se refleja en la desaprobación que obtuvo en octubre, del 69%, y desvelada por la encuesta Gallup Poll.

El ‘paquetazo’ no está redactado en un proyecto de ley; sale de las declaraciones públicas de ministros que han aprovechado los medios para ir tanteando el terreno.

Las reformas anunciadas pretendían aprobar, según los sindicatos, la constitución de un «holding financiero», la bajada de impuestos a las empresas, la autorización del pago a jóvenes del 75 % del salario mínimo, la contratación por horas y el aumento del porcentaje de cotización al sistema de pensiones, modificaciones que Duque, ante la presión social, ha dicho que no va a hacer.
En el último mes el propio Duque ya vivió una crisis de Gobierno después de que el senador Roy Barreras desvelase que en una operación de agosto contra disidentes de las FARC murieron 8 niños. Un acto que indignó a la sociedad y obligó a que el ministro de Defensa renunciara después de que en su momento, el Gobierno informó como un éxito el operativo, presuntamente ocultando la información de la muerte de los menores.
Por su parte, ante la huelga, la primera reacción fue la criminalización: Duque llegó a decir que ciertos sectores de los que protestan «llaman a incendiar la sociedad basándose en mentiras», y en la misma línea, Álvaro Uribe, expresidente de Colombia y fundador del Centro Democrático, mismo partido de Gobierno, acusó al Foro de São Paulo de querer desestabilizar las democracias de América Latina.

Sin embargo, en las últimas semanas, el propio Uribe afirmó respetar las protestas de todos y el Gobierno descartó la posibilidad de regular las protestas.

En este cambio de estrategia frente a la huelga, Duque, lejos de ignorarla, ha estao hablando a diario sobre el paro y en los últimos cuatro días ha dado prácticamente más entrevistas que en un año.
Allanamientos, militarización y denuncias de asociaciones de derechos humanos preceden el paro

A pesar del cambio de estrategia del Gobierno en la esfera pública, la realidad es distinta. Por un lado, hay un amplio despliegue de militares con armas largas en el centro de Bogotá. Un hecho que el Gabinete de Duque afirmó que no forma parte de una militarización sino de un «apoyo» a la Policía en sus patrullajes diarios, a pesar de las denuncias de defensores de los derechos humanos.

«La militarización desatada en las calles de Bogotá hace prever que el Gobierno está constituyendo una tragedia contra los dirigentes sociales y contra los miembros del movimiento social, por eso queremos alertar y pedir el respaldo de la comunidad nacional e internacional», dijo en una rueda de prensa el defensor de derechos humanos Andrés Felipe Valencia.
Además, antes de que comenzase el paro, la Policía ya había reaizado 32 operaciones en Bogotá, Cali y Medellín, allanando viviendas de líderes que promueven la protesta, e incluso entrando en las oficinas de una revista cultural como ‘Cartel Urbano’.
«Solicitamos a las autoridades todo el respeto para los miembros de las organizaciones de derechos humanos. Nuestros defensores están allí para contribuir a la garantía del derecho a la protesta social y no para ser atacados o estereotipados como hemos visto en los últimos escenarios», recalcó Valencia.

Otra de las medidas anunciadas por el Gobierno colombiano ante la futura demostración consistió en el cierre de fronteras desde el martes al viernes para evitar la «infiltración externa» en las protestas. «Cuando hay incitación a la violencia las autoridades tienen la obligación de reaccionar», manifestó Nancy Patricia Gutiérrez, ministra del Interior de Colombia.

Por último, horas antes del inicio del paro, la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior (Acrees) denunció en su cuenta de Twitter que los líderes estudiantiles Alejandro Palacios, Julieth Rincón y Jennifer Pedraza, fueron amenazados de muerte por una carta presuntamente firmada por las Águilas Negras de bloque capital D.C, una disidencia paramilitar armada.
¿Hay un cambio de rumbo político en Colombia?

El paro, convocado en octubre, se retrasó hasta finales de noviembre con el objetivo de los sindicatos de no interferir en las elecciones municipales y regionales del 27 de octubre.

Un efecto que le ha servido a la huelga para conseguir un arreón de apoyo social, después de los resultados que dejaron esos comicios que demostraron un rechazo hacia los extremos, mucho más acentuado hacia los candidatos de derecha.

En Bogotá, Claudia López fue elegida primera alcaldesa de la historia, con el Partido Verde. En Medellín, Daniel Quintero, un candidato independiente, consiguió vencer al uribismo, en su bastión principal. También en Cali, Jorge Iván Ospina, de la Alianza Verde, se hizo con la alcaldía.

Un cambio que se repitió en otras ciudades y que comenzó a dar indicios del debilitamiento del Centro Democrático, el partido de Gobierno.

Por su parte, diferentes estrellas del mundo del deporte, de la música y del espectáculo, usualmente alejados de asuntos políticos, dieron un sorpresivo apoyo a la movilización. La miss Colombia, María Fernanda Aristizábal, el cantante Carlos Vives o el actor Andrés Parra, entre muchos otros, anunciaron en sus redes que acompañarán la marcha.

Colombia irá a paro en un momento de alta tensión en América Latina

Según datos del Banco Mundial, Colombia es el segundo país más desigual de América Latina.

Por ejemplo, el Gini de Colombia en 2017 era de un 0,497 contra el de, por ejemplo, Chile que era de un 0,466.

Es precisamente la aplicación de «paquetazos» y la desigualdad creciente lo que ha hecho que se produzcan las movilizaciones en países como Chile y Ecuador, cuyo efecto da luz a los movimientos en Colombia, que han visto cómo sus países vecinos han conseguido desde la movilización, la derogación de las medidas neoliberales e incluso el cambio hacia políticas más sociales.

De hecho, las condiciones previas a las protestas en Chile, que se alargan por un mes, son muy parecidas a las que se están dando en Colombia. También en la forma de obrar de los Ejecutivos, con Sebastián Piñera, presidente chileno, que en un principio, comenzó criminalizando las protestas y recurrió al Ejército para reprimirlas. Una actitud que ha ido evolucionando hasta terminar con la convocatoria de un referendo para redactar una nueva Constitución.

Un caso similar ocurre en Bolivia donde, a pesar de motivos muy diferentes, las manifestaciones terminaron por obtener el apoyo del Ejército y la Policía, quienes empujaron la renuncia de Evo Morales.

Por su parte, en Argentina, en lugar de la protesta social, se refleja el mismo cambio, desde los comicios, donde la reciente victoria de Alberto Fernández coincide con una tendencia de reacción contra las políticas neoliberales.

Esto por el lado económico. En el campo de la paz, Colombia, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) es el país que más desplazados internos tiene con un total de 6.183.900, más que un país como Siria que lleva ocho años en guerra.

Precisamente la desigualdad y la paz serán la punta de lanza de un conglomerado de reivindicaciones que hoy 21 de noviembre se concentran en las calles de las principales ciudades colombianas.
Fuente: France24