Carlos Martín “Merecido homenaje al TEAR en Afganistán – El triste silencio de sus mandos”

Tras publicarse hace unos días en un periódico digital un artículo titulado “Las fotos Inéditas de la Batalla de Ludina”, en el que se ensalza la actuación de la Brigada Paracaidista, a muchos de cuyos miembros se les concedió una medalla, algunas de ellas con distintivo rojo y reconocimiento del valor aparejado “la roja”,   de inmediato me asaltó una pregunta, ¿no fue allí donde estuvo desplegado, durante nueve (9) meses, un Batallón de Infantes de Marina?.

Busco, buceo, rastreo en la “red” alguna mención sobre ello y, salvo en Wikipedia, una alusión aséptica en la web del Ministerio de Defensa y una entrevista, más inocua si cabe del Jefe de aquel batallón de Infantes (Cte Gallardo Fernández-Díaz, hoy Tcol), nada se publica de la Infantería de Marina en general ni del TEAR en particular sobre aquella misión, por lo que la perplejidad se va escorando a  indignación dado que, una cosa es que la discreción sea una virtud, una cosa es aquel lema de la Academia General del Aire del año 1995 siendo su Director el General García Rodríguez, SER MÁS QUE PARECER”, lema para los alumnos de una Academia Militar que me parece el más preciso y acertado por todo lo que implica, y otra bien distinta es que se silencie, con nocturnidad y alevosía, el esfuerzo, sacrificio y buen hacer de esos cuarenta y cinco (45) Infantes de Marina que, durante nueve (9) largos meses, no solo defendieron a nuestra Nación, sino que en multitud de ocasiones se jugaron su propia vida por el buen fin de la misión encomendada, con innumerables acciones de hostigamiento por parte de los insurgentes, emboscadas, fuego cruzado, actos defensivos y ofensivos, sin que hayan sido merecedores  ni del reconociendo público mediante la oportuna publicación en los medios de comunicación, como tampoco (así me consta) de la concesión de ninguna medalla o distinción particular o general a aquellos soldados.

Actuación de sus Mandos en Ludina en particular (el entonces Comandante Gallardo Fernández-Díaz)  y en España en general que deja mucho que desear de los que  a un Jefe o Líder le es exigible, pues lo mínimo que se le debe pedir es ganarse el respeto y admiración de sus subordinados, con dedicación y compromiso absoluto para con los mismos, cultivando esos lazos de compromiso y compañerismo “real” que ineludiblemente repercutirán en la labor de la Unidad, especialmente en situaciones de hostigamiento enemigo, de combate.

Sin embargo nada de esto hicieron, ignorando la labor realizada por estos Infantes,  sin mover ni un solo dedo ni para que fuera por todos conocidos la Misión cumplida como tampoco para que se les concediera la medalla que por derecho propio les correspondía, en una dejación de funciones que, más allá del valor que cada militar le otorgue a este tipo de distinciones, deja mucho que desear de cualquier Superior que se precie, con dejación absoluta de su obligación moral y militar.

Por ello, sirvan estas breves y humildes líneas para dar el MERECIDO HOMENAJE a estos soldados del TEAR, cuya actuación en Ludina (Afganistán) estuvo jalonada por multitud de incidentes, hostigamiento y situaciones de peligro ya desde el primer día, cuando transcurridas apenas una hora desde que los helicópteros Chinook les dejaron en un inhóspito lugar, técnicamente denominado COP (Combat Out Post o Puesto de Combate Avanzado) y catalogado como de Alta Amenaza, recibiendo un violento ataque con cohetes de gran calibre como bienvenida de la insurgencia.

Allí, en la mitad de la nada, y junto al pueble de Ludina cuya población claramente apoyaba y facilitaba el dominio claro de la insurgencia en la región, este grupo de Infantes de Marina se instaló durante más de nueve (9) meses, durmiendo en tiendas de campaña y con la única protección de un perímetro de hesco-bastions relleno de arena como parapeto, en un puesto diseñado para permanecer tan solo unos pocos días.

Desde allí participaron en todas las operaciones ejecutadas en la región (North Tour, Chess, Encamisada, Estaca, Villares…..), no sólo por la halagada Unidad Paracaidista mencionada, que apenas estuvo tres (3) semanas en la zona, sino por otras muchas que por allí pasaron fugazmente, buscando también su efímero momento puntual de gloria, mientras que los Infantes de Marina, como instructores y mentores, acompañaban en el combate a un desguarnecido y mal dotado e instruido recién creado batallón afgano. Su gloria fue sobrevivir todos y cada uno de los más de doscientos (200) días en operaciones de combate contrainsurgencia con ese Batallón, que por otra parte, centraba la atención de los ataques insurgentes al carecer de los medios físicos y técnicos de protección y alerta, con el que contaban los paracaidistas y el resto de Unidades OTAN, pero no así los afganos, en cuyo seno se incrustaba la OMLT.

No se debe olvidar que en aquel momento, el mandato de la OTAN obligaba a que fuera el recién creado Ejército Nacional Afgano (ANA), quien ejecutara las operaciones, y es con ellos con quienes la OMLT, el equipo de Infantes de Marina del Tercio de Armada, se incrustó en un esfuerzo ímprobo por ayudarles a mejorar sus capacidades de combate sobre el terreno, no en un aula o campo de instrucción, sino en el campo de batalla, codo con codo y  frente a enemigos reales.

Tampoco se debe olvidar el enorme riesgo que suponía operar entre afganos mal instruidos, mal reclutados y con escasa fiabilidad en el manejo de armas y por sus vínculos, coactivos o voluntarios, con la insurgencia. El denominado riesgo “Green on Blue”, es decir, la manaza que suponía ser abatido por un soldado de ANA, era el más peligrosamente catalogado por la OTAN.

El otro gran trozo de gloria no reconocida de la Infantería de Marina fue revertir ese riesgo, hermanarse con unos soldados que desde el primer momento advirtieron la implicación, conexión y entrega de sus mentores, entregándose con fe y rigor a su adiestramiento con los Infantes de Marina .

Finalizo este artículo con dos sentimiento, el primero el de admiración por la actuación en Ludina (Afganistán) de este Batallón de Infantes de Marina pertenecientes al Tercio de Armada, que durante esos largos nueve (9) meses se dejaron la piel en el cumplimiento de su deber, exponiendo sus propias vidas en multitud de ocasiones, lo que a cualquier español que se precie le tiene que llenar de orgullo.

El segundo es de irritación y desazón por la actitud y actuación de sus Mandos, tanto la del Jefe en aquella Misión (Cte Gallardo Fernández-Díaz) como la de aquellos otros conocedores de la misma en España(el General  del TEAR d entonces, entre otros muchos, claro), que no han sido capaces de mover un solo dedo para fuera conocida la labor desempeñada por estos Infantes de Marina en una difícil y arriesgada misión, como tampoco tuvieron la decencia moral y militar de proponer la concesión de medalla o distinción alguna a estos soldados que, huelga decirlo, eran y siguen siendo merecedores de ello.

Sirvan por tanto estas líneas como HOMENAJE a aquellos Infantes de Marina pertenecientes al TEAR por su magnífica y honrosa  actuación en Afganistán, de la que todo español de bien,  estoy seguro de ello,  sienten admiración y orgullo.

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