Carlos M. Martin»Los jóvenes Tenientes del TEAR»

Dejando a un lado la Fuerza Naval Especial con Base en Cartagena, parece indiscutible que la Unidad por antonomasia de la Infantería de Marina es el Tercio de Armada (TEAR) sita en San Fernando, donde radica la esencia y razón de ser de la misma, pues en los nueve (9) batallones que la componen se llevan a cabo todas las misiones para las que se preparan estos militares que en síntesis, no es otro que el desembarco anfibio en diferentes teatros de operaciones, constituyendo por tanto el lugar donde debería existir “overbooking” para estar destinado en el mismo, especialmente por los bisoños Tenientes recién salidos de la Escuela Naval Militar al ser la Unidad donde podrán poner en práctica todo lo aprendido como alumno. Poniendo un ejemplo que estimo esclarecedor, el TEAR es a la Infantería de Marina lo que la Base Aérea de Torrejón o Morón de la Frontera es al Ejército del Aire, al encontrarse en estas los aviones más importantes y avanzados de la Defensa Aérea Nacional (F-18 y Eurofighter) en la que todos los recién salidos Tenientes de la AGA, con habilitación de pilotos de caza y ataque, desean ir destinados.

Sin embargo la realidad es bien distinta, pues la mayoría de estos jóvenes oficiales de nuestra Infantería de Marina que, recién salidos de la ENM, desembarcan en el TEAR, en cuanto pueden piden destino a otras Unidades tales como la Guardia Real, seguridad en la
Base Naval de Rotal u otras similares, destinos que, aparte de ser más cómodos, ni por asomo guardan relación con la esencia de ser un Infante, por importantes y necesarios que los mismos sean.

La pregunta es POR QUÉ.

Y la respuesta, aunque descorazonadora, no es otra que POR LA CARRERA MILITAR, al ver que compañeros de promoción que han salido de la ENM destinados en otras Unidades, pasados apenas un par de años hacen acopio de mejores perspectivas profesionales que
ellos (acceso a cursos, recompensas, misiones, puntos para futuras evaluaciones de ascenso…), a pesar de esas duras y largas semanas en el campo de maniobras del Retín, a pesar de los distintos ejercicios de desembarco anfibios que realizan, a pesar de estar viviendo en sus carnes lo que debe ser un Infante de Marina, a pesar de su permanente disponibilidad para el servicio que dificulta sobremanera una vida familiar y social “normal”, en definitiva, a pesar de estar haciendo todo para lo que han sido preparados y todo lo que implica ser un Infante y, donde teóricamente, deberían estar disfrutando y viéndose realizados en su profesión, máxime en los primeros empleos de la profesión militar.

Y claro, la razón/reflexión es tan humana como entendible aunque indudablemente DESCORAZONADORA, pues viendo que todo su sacrificio y, por qué no decirlo, viendo que en muchos de los ejercicios que realizan se juegan la vida, resulta que llegada la hora de la
valoración de méritos, suelen estar en la cola mientras sus compañeros que han estado en destinos “cómodos” y sin la responsabilidad que los del TEAR tienen, están mejor posicionados para el ascenso.

Esta y no otra es la razón que subyace por la que el TEAR no es un destino demandado entre los oficiales de la Infantería de Marina en general y entre los jóvenes Tenientes y Capitanes en particular lo que, es obvio, repercute negativamente en la operatividad de la propia Unidad así como en la moral de los allí destinados.

Sirvan estas breves líneas en primer lugar para honrar a todos aquellos Infantes que están destinados en el TEAR, cuya intensa y dura vida desarrollan, calladamente, en esta Unidad y en segundo lugar, para que, si llegara tanto al Mando como al Ministerio de Defensa,
tomen las medidas precisas para revertir la situación descrita premiando a la hora de evaluar para el ascenso, a aquellos oficiales que prestan su servicio en este exigente destino.