Angel Cernido “Diario de un confinamiento”

Señores del Gobierno:

Les escribo esta nota para que sepan que estoy vivo. Si no la reciben me lo dicen y se la mando otra vez. No les pongo dirección porque no la sé. El «selfie» no puedo mandárselo pues no tengo cobertura.

Ahora hemos pasado de nuestras caminatas diarias en el parque, a largos paseos por el pasillo de casa, hasta completar los 10.000 pasos recomendados, que al cabo de 90 minutos nos marca la aplicación del móvil.

Al caer la tarde, comenzamos las conexiones con la familia por videollamada, con la pantalla cuadriculada en dos, tres o cuatro partes, y compartimos los sentimientos que nos produce este confinamiento al mes justo de ser decretado. La sensación de sentirse en soledad es una realidad, pero hoy las comunicaciones han aliviado mucho este sentimiento, ya que se está en continuo contacto con familiares y amigos.

De vez en cuando, y aunque la situación no esta para bromas, nos permitimos alguna salida de tono entre nosotros, situaciones que relataré seguidamente y que de antemano pido disculpas y recalco que solo tienen la finalidad de hacernos un poco más amenos estos días.

Pero de entrada quiero decirles que, seguimos con la sensación de engaño, viendo que se infravaloran las muertes, aceptando que 600 o 700 muertos cada 24 horas son buenas noticias, y sintiendo que el gobierno y sus responsables no han estado a la altura de los pacientes, sobre todo de las personas mayores. Les quieren tan poco que no les preocupa el que no haya aparcamiento para ellos y se los lleven, sin decirles adiós, la grúa de la muerte. Parece que el único propósito que tienen cuando se hacen cargo de las riendas del negocio, es agrandar su patrimonio , y digo riendas porque lo hacen como si se tratase de ganado.

A la célebre frase del Canciller alemán Otto von Bismarck . «Nunca se miente tanto como en política antes de las elecciones, durante la guerra o después de una cacería», habrá que añadir: «O como el gobierno español durante esta pandemia».
A veces dan la callada por respuesta y no saben que el silencio es la peor de las mentiras.

A primera hora,en una de esas videollamadas, me mandaron una historia que me recordaron los viajes del genial José Luis Sanpedro, parecidas a las que a mí me ocurrieron en algún que otro Camino de Santiago.

…La noche se me echó encima y no tuve mas remedio que pedir asilo en aquel pequeño pueblo. Acordado el precio de la habitación con la dueña de la casa y después de colocar los escasos enseres de mi mochila, se me ocurrió preguntar donde estaba el cuarto de baño. Me llevó a una puerta que daba a la calle y me dijo:
ꟷAl final del corral tiene la letrina y detrás de la puerta tiene clavados: la prensa y un sable.
El periódico supuse para que servía, pero al sable no lograba sacarle partido por lo que de nuevo pregunté a la paisana.
ꟷ¿Oiga y el sable que función tiene?
ꟷTenga cuidado señor, me dijo, el berraco anda suelto y nunca se sabe.

A media noche hice una visita al excusado. El atrasado periódico era de formato grande, arranqué media hoja con la fotografía de un tipo con coleta y mala pinta. Aguanté como pude en esa incómoda posición, en el primer tiempo del saludo, con el sable en posición vertical y con la cazoleta a la altura de mi ojo derecho. Para recuerdo me hice un «selfie» pero como ya les dije no se lo mando por carecer de cobertura.

A los señores diputados representantes de la sociedad civil y de la incivil, quisiera mandarles un aviso: que tengan mucho cuidado en el hemiciclo, pues por esos lares hay muchos «berracos» sueltos, iba a decir con corbata, pero ni eso.

A mediodía, en una de esas pequeñas pantallas, contaron una historia relacionada con mis queridos mulos, tal como me la contaron, lo cuento:
Antes de nada recordar que los mulos, por la condición híbrida de la especie, la única forma de reproducirse son el cruce de: caballo o poni y asna, dando lugar al «burdégano»; o de yegua y burro con el «mulo o mula» como resultado. Animal poco agraciado en su belleza, pero que en su defensa os digo que difícilmente desatiende la voz de su amo y raramente, por el contrario, se somete ante personal extraño.

Por todo lo dicho, el Primer Ministro del Reino Unido, el conservador Winston Churchill, en la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, llamó a sus oponentes «las mulas de la política: sin orgullo de ascendencia o esperanza de prosperidad».
Lady Astor, primera mujer del Parlamento y diputada laborista en la oposición muy enfadada le contestó:
─Señor primer ministro, es usted odioso, si yo fuera su mujer, le pondría veneno en el café.
A lo que Churchill le contestó:
─Y si yo fuera su marido, me lo bebería.

Por la tarde me mandaron este otro:
Desde la bancada azul del Congreso, uno de los cuatro vicepresidentes exclamó en tono patético: “¿Qué será de nuestros hijos, señores diputados…?”. Al escucharlo uno de ellos exclamó: “¡De nuestros hijos no sé, pero a su compañera o lo que sea, de momento, ya le han hecho Ministra de Igualdad!“.

Al final cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que debieran obedecer pierden el respeto.

Pero este caos ya viene de lejos. A principios del siglo XX, el Conde de Romanones siendo primer ministro y presidente del partido liberal, tras ponerse de acuerdo antes de la votación con los miembros de su partido, que iban a decidir con sus votos si entraba o no como académico de la Lengua, vio como en contra de lo pactado, no sacó ni un solo voto; entonces atusándose los bigotes, y dirigiéndose a sus compañeros pronunció aquello de:
¡Joder, que tropa!.

Ya de noche y al acabar los aplausos desde el balcón, entró en una de esas pequeñas pantallas, el mensaje de un compañero artillero.
Me contaba que a principios del siglo pasado, todavía estudiaban los cadetes, primero en el Colegio del Alcázar y más tarde en la Academia del convento de San Francisco de Segovia, un breve catecismo militar, que decía lo siguiente:
«Al modo que peca un magistrado cuando juzga mal por ignorancia, así también peca un jefe militar cuando decide mal por la misma causa, y es que cada uno está obligado a saber su oficio; el honor y la conciencia obligan en todos a renunciar los cargos que no sean capaces de desempeñar».
Si queréis formar juicio acerca de esos políticos, la mayor parte de ellos con problemas curriculares, que no tienen ni la etiqueta del anís del mono, y con polémicas tesis doctorales publicadas, observar quienes son sus amigos y tener en cuenta que la única manera de saber si son honestos, es preguntárselo. Si responden sí, como antes de nada son mentirosos, ya sabemos con seguridad que están corruptos.

A pesar de todos sus esfuerzos, acabo como empecé, sigo sin creerlos pues como dicen en Italia para casos parecidos: «a lavá la testa all´asino se spreca tempo e sapone» que en «román paladino», como cada hombre habla a su vecino, más o menos viene a decir : «Lavar la cabeza a un burro es desperdiciar tiempo y jabón».

…Y aquí continuamos con nuestra simple tarea de vivir. «Resistiré, para seguir viviendo…»
Esta pandemia no es la guerra, pero es conveniente que recuerden que «un soldado siempre será un soldado».
El mundo parece que se ha quedado en pausa. ¿Que pasará cuando le volvamos a dar al «play»?

Ángel Cerdido Peñalver
Coronel de Caballería

Fuente: Blog

Los comentarios están cerrados.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad
A %d blogueros les gusta esto: