Pedro Pitarch:”Lloro por Gaza”

PitarchEs el cuento de nunca acabar. Pero no es un cuento. Es una terrible realidad de despropósitos, sufrimiento y devastación. Me refiero al inacabable conflicto palestino-israelí, que últimamente ha focalizado las hostilidades en la franja de Gaza. Como es sabido, ese territorio de 385 km2 y habitado por más de millón y medio de palestinos está controlado por Hamás, grupo considerado terrorista tanto por Israel como por EE UU y la Unión Europea. Desde el día 8 de julio, en que Israel desencadenó la operación “Margen Protector” en respuesta al hostigamiento de Hamás, se calculan alrededor de 2.000 muertos y 10.000 heridos por parte palestina, y 70 muertos y un número indeterminado de heridos por la israelí.

La actual fase del conflicto en Gaza se caracteriza por su intermitencia, ya que en poco más de mes y medio se han dado hasta ahora cuatro treguas. Treguas efímeras por ser sistemáticamente violadas. El patrón es siempre el mismo. Cuando parece que la tensión amaina, se producen lanzamientos de cohetes desde Gaza contra Israel e, inmediatamente, las fuerzas de defensa de Israel reaccionan disparando sus vectores mortales. ¿Y esto por qué? Pues seguramente porque se está dando una creciente división interna en Hamás, entre los que quieren llegar a algún tipo de acuerdo con Israel para que éste reduzca su presión sobre Gaza, y los halcones de siempre —que son los que manejan las armas— que quieren continuar la lucha hasta el final. ¿Hasta qué final? podría uno preguntarse. Porque la historia, desde la creación del estado de Israel, muestra que este país ha salido siempre victorioso de sus confrontaciones bélicas con los árabes, que no han sido pocas.

Es un problema internacional complejísimo y de difícil solución en todo caso. Más allá de la recurrente discusión sobre la legitimidad de la creación del estado de Israel en 1948, resulta evidente que el Islam, especialmente en sus fundamentos, establece una relación antagónica con el modo de vida occidental y, en consecuencia, con Israel. Y no es menos cierto que existe una relación sentimental entre el mundo islámico y Palestina. Incluso en los países más moderados de ese mundo se sigue con atención lo que pasa en Oriente Próximo. Y así en el concierto musulmán cualquier golpe dado a Israel es celebrado, mientras que los que reciben los palestinos son desagradablemente percibidos. Esa atmósfera de permanente hostilidad musulmana frente a la existencia misma del estado de Israel es ingrediente básico para la alimentación de un conflicto que parece irresoluble.

La causa palestina tiene ganada la batalla de la imagen en gran parte de la opinión occidental publicada. Ello me mueve a ofrecer en este post una visión del conflicto más centrada y algo más inédita, que las que normalmente dan los medios. Es sospechoso el alto grado de concordancia favorable a la película palestina de los análisis mediáticos europeos. ¿Quién puede estar detrás de ello? ¿Acaso los petrodólares? Porque son demasiados los medios que atribuyen a los palestinos el papel del bueno y a los israelíes el del malo de tal película. Cada vez que se produce una acción militar contra los palestinos, en este caso en Gaza, casi nunca se menciona que ha sido la respuesta inmediata a una acción palestina previa contra Israel. En el colmo de la parcialidad, por ejemplo, han calificado como asesinato la muerte de una de las tres esposas y dos de los hijos de Mohamed Deif, jefe del brazo armado de Hamás, cuando su casa fue objetivo de los israelíes, el pasado martes, mientras aquél se encontraba allí. Sin embargo, ningún reproche de esos medios a la falta de responsabilidad de M. Deif al usar su familia como escudo. Tampoco a la flagrante violación de la más elemental medida de seguridad pasiva de todo jefe militar cuando se va a la guerra: no dormir en casa (a resguardo de cabo Culo, que decía un amigo almirante), por ser su domicilio un objetivo sometido a permanente vigilancia. Especialmente cuando ya en 2012, en la operación “Pilar Defensivo”, la misma finca fue también objetivo israelí, con un saldo entonces de diez miembros de la familia muertos. No es de recibo que un jefe “militar” desprecie lo que en términos OTAN se denominan “lessons learned”. Es injusto y caprichoso que muchos medios hablen de muertos cuando, por ejemplo, un joven palestino abrigado con un chaleco explosivo se infiltra y mata a israelíes, mientras que, cuando son los misiles israelíes los que matan a palestinos en una operación de combate, los mismos medios hablen de asesinatos. ¿Sería mucho pedir a los periodistas que se dedican a estas cosas, un poco más de rigor profesional?

Incluso se llega a acusar a Israel de ataques “indiscriminados”, por el lanzamiento de sus mortíferos misiles aire-tierra. Pero, curiosamente, nada se dice de los 200 cohetes palestinos lanzados contra suelo israelí. Sin ser artillero (me quedé solo en infante), pero habiendo gozado el privilegio de tener bajo mi mando toda la artillería del Ejército (campaña, antiaérea y costa), entiendo que si hay un arma de bombardeo “indiscriminado”, ese arma son los cohetes tierra-tierra de trayectoria balística como los que emplea Hamás. Se lanzan y son bastante poco selectivos en el punto de caída. Su empleo tiene, sin embargo, un gran efecto psicológico en la población atacada precisamente por su imprecisión. En un viaje por la zona a mediados de los 90 pude experimentar en carne propia esa desazonadora sensación de permanente vigilia, a raíz de unos cohetes caídos en las proximidades de Jaffa. Supongo que alguno de los expertísimos artilleros que suelen comentar aquí podrá ampliar de manera más técnica lo que acabo de escribir. En última instancia, siendo un armamento que cuesta lo suyo, y ser los palestinos supuestamente bastante pobres, puede uno preguntarse: ¿quién alimenta y sustenta logísticamente a Hamás, para una actividad tan cara como la guerra? ¿Acaso también los petrodólares?

Alcanzados los objetivos principales de su plan de campaña, ahora las fuerzas de defensa de Israel han modificado su estrategia. Ésta está señalando como objetivo prioritario la cúspide de las milicias de Hamás. Y lo está haciendo con mucho éxito, como muestra la destrucción el pasado día 20 de los tres comandantes de brigada de Hamás en el sur de la franja de Gaza. Aunque nuevamente esas bajas hayan sido calificadas como “asesinatos” (Matías Prats en Antena 3 Noticias, de las 21:00, del pasado día 21). En todo caso, y al menos desde el punto de vista técnico-operativo, ha sido una buena muestra de la precisión de los medios ofensivos israelíes y, sobre todo, de la tremenda eficacia de sus servicios de inteligencia. Por cierto, no he escuchado al mismo periodista calificando como asesinatos los 18 palestinos apiolados “sobre la marcha” por Hamás, el pasado viernes, por supuesta colaboración con Israel en Gaza. En definitiva, la guerra de la inteligencia está ganada de antemano por Israel, mientras que las amenazas de Hamás —que recuerdo se trata de una organización internacionalmente reconocida como terrorista— ya empiezan a sonar a ridículo para desgracia de los propios palestinos. Tal sería, por ejemplo, la reciente amenaza de bombardear el aeropuerto internacional Ben Gurión, de Tel-Aviv. Así, desde luego, los líderes de Hamás no ganarán batalla alguna por mucho que quieran prolongar las hostilidades. No traerán otra cosa que más dolor y desolación al noble y sufrido pueblo palestino. Hay que desear que las conversaciones tripartitas que se están desarrollando en Egipto traigan algo de paz. Ya se sabe que en Oriente Próximo sin Egipto no puede haber guerra, pero solo con Egipto puede haber paz. Mientras tanto solo nos queda llorar por Gaza.

Fuente: Blog Pedro Pitarch

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