Mago indignado de Oz “Por los militares temporales II: entendamos el problema”

Continúo con los posts dedicados a ese colectivo tan olvidado de ciudadanos y administración como son los militares temporales. En este caso, he querido meterme en faena con las excusas los argumentos que suelen esgrimir los defensores de la temporalidad de la tropa y marinería. Hay que partir de varias bases para entender del todo la problemática de nuestros soldados y marineros. Por un lado, hoy día, la única solución de permanencia que ofrecen las actuales políticas de personal en el seno de las Fuerzas Armadas (en adelante, las FAS) pasan por la promoción profesional a otras escalas (Suboficiales y Oficiales). Éstas cuentan con requisitos de acceso que incluyen los límites de edad, titulación, pruebas físicas, etc. Las plazas ofertadas son limitadas (no basta con aprobar el concurso-oposición, hay que hacerlo con plaza), aprobar no garantiza el acceso a la Escala a la que se aspira (entre medias hay que pasar por un curso para ingresar en la Escala) y se limita el número de convocatorias a tres. La otra posibilidad es lograr plazas de Tropa y Marinería permanentes, también mediante concurso-oposición, que actualmente requieren un mínimo de catorce años de servicio y cada vez se publican menos plazas. Por otra parte, los militares también forman familias, se establecen en algún sitio y, para poder permanecer en ese lugar, dependen de su antigüedad. No sólo en las propias FAS, sino en el empleo que ostenten (el galón, dicho coloquialmente), los puntos que haya obtenido durante sus años de servicio (condecoraciones, menciones, participación en misiones, informes personales, etc.) y el puesto en su correspondiente escalafón que ocupen como resultado de todo esto. En pocas palabras, que un ascenso puede derivar en pasar de ser antiguo en un empleo (con los beneficios que ello conlleve) a ser moderno o “pelón” en el que obtengan con el ascenso (con los perjuicios que traerá consigo ese cambio). Éstos y otros factores son bases a tener en cuenta. Pero vamos a desarrollar un poco más todo esto.

Las políticas de personal, como digo, sólo dejan la promoción a las diferentes escalas y la adquisición de la condición de Militar de Tropa y Marinería Permanente como únicas soluciones para evitar la patada que supone el despido a los 45 años. Ésto conlleva un problema: según se ofertan plazas, las diferentes escalas se saturan y se produce una situación de macrocefalia (“muchos jefes y pocos indios” en el lenguaje coloquial). Hay más mandos que Tropa y Marinería. Esto se produce porque muchos optan por esa promoción, las plazas para Tropa y Marinería Permanente son cada vez más escasas y, además, se van recortando las plantillas de tropa y marinería. El Gobierno suele sacar pecho de las plazas que oferta pero omite las cifras de los que expulsa (entre despidos a los 45 años, no renovaciones o resoluciones de compromisos por distintos motivos) y los que causan baja a petición propia. Dicho de otra manera, es jugoso presumir de crear empleo público y para ello hay que vaciar vacantes. Al final, la utilización política de esos puestos de trabajo contribuye a agravar la situación y, además, se produce el problema mencionado de la macrocefalia en las otras escalas. Esgrimir la promoción o aprobar la oposición para ser permanente no es una solución, sino un parche que además sirve para culpar de su problema a los propios militares.

“Haber estudiado”, dicen algunos como respuesta a este problema. Normalmente, lo dice alguien que ha estudiado menos que el interesado pero que ha medrado como sea. Antiguamente no se promocionaba de escala de la misma manera que ahora, sino habiendo pasado por todos los empleos de Tropa y Marinería (se ascendía más rápido dentro de dicha escala), se pasaba el concurso-oposición, se hacía un curso de acceso a la escala (normalmente de suboficiales, que duraba uno o dos años según la época de la que estemos hablando) y se accedía a la escala. Permanencia resuelta. Nada de los tres años actuales para ser suboficial o los cinco para llegar a ser oficial en las FAS. Pero además, ese “haber estudiado” suele acompañarse del típico “yo me esforcé” o del “sólo se quedan fuera los vagos”. Cosa que es rotundamente falsa. También hay gente muy válida en su desempeño diario que no consigue expresar sus conocimientos en un examen o personal que, por las vicisitudes de las unidades en que sirven, no consiguen disponer del tiempo necesario para preparar una oposición de esta enjundia. Y eso por no hablar de los que ven sus alas cortadas por una calificación injusta en sus informes personales. Al fin y al cabo, caer bien al mando también suma en este aspecto.

“No se engañó a nadie, sabían lo que firmaban”, dicen otros. Eso no es del todo cierto. Al principio, la condición de MTM (militar de Tropa y Marinería) se limitaba a ocho años de servicio. Luego, un cambio normativo alargó la situación hasta los 35 años. El último cambio, creo recordar que en 2008, supuso la prolongación hasta los 45 años. Es decir, se ha dado esperanzas de continuidad a los militares por estos cambios porque quien esperaba esa patada a los ocho años de servicio se vio pudiendo estar un poco más, luego hasta los 45, siguiendo esa tónica la reforma que les permitiera estar hasta los 55 tenía que estar al llegar… Para colmo, se sacaron plazas para MTM permanentes pero sólo hasta el 15% de plantilla, con lo cual no tardaron en empezar a agotarse. Y ahora están saliendo sólo para cabos primeros, ni siquiera para cabos o marineros/soldados. Efectivamente, nadie les dijo que fueran permanentes algún día si no era por las vías establecidas, pero sí en la práctica “se les dejaba caer”. Como diría la actual Ministra de Defensa, ha sido una mentira “en diferido”.

“A los 45 años no pueden seguir con sus funciones”. Entre muchas de las excusas explicaciones que oiréis de quienes defienden el modelo actual de FAS, se dice también esta soplapollez. Y no es que lo diga peyorativamente, es que es la palabra que mejor define a este pseudoargumento. Básicamente porque existe la manera de ser Militar de Tropa y Marinería Permanente (en realidad MTM con una relación de servicios con la administración de carácter permanente, pero era jodidamente largo ponerlo así), como es aprobar ese concurso oposición para serlo. Entonces, si un MTM mayor de 45 años es viejo para cumplir con sus cometidos, ¿por qué existe esa posibilidad para ser Permanente? ¿Otorga aprobar la oposición alguna clase de dotes sobrenaturales que sí permiten cumplir con los cometidos pasados esa senecta edad? ¿No será un parche para que compitan entre ellos por unas migajas plazas y tenerlos un rato callados?

“No hay nada que darles, que se lo ganen“. Joder, ya saltó el listo. Quizá no le parecen bastante al cuñado de turno los años de maniobras, continuadas, navegaciones, guardias, servicios, misiones, privaciones, sacrificios… Claro que hay que darles una solución. Hay que dársela porque ya se la han ganado. Y eso en lo que concierne al trabajo. En cuanto al régimen de vida, soportar arbitrariedades por parte de algunos mandos, sacrificar tiempo de estar con sus familias, pasar por las condiciones más extremas de la ya por sí dura vida militar (en las demás escalas existen ciertos privilegios que los MTM no tienen)… Con eso tienen ganada la permanencia y, si me apuran, ese cielo que los religiosos esperan para una supuesta otra vida.

“Han tenido la oportunidad de formarse para la vida civil”. Ojo, que la cosa alcanza niveles legendarios en cuanto a contestar sandeces se refiere. ¿Oportunidad dice el sabiondo de bar? ¿Formación he oído? Ahí quizá se está ignorando de que muchos soldados y marineros están entrando ya formados. Con estudios de grado medio o superior y con carrera, las incorporaciones de los últimos años están subiendo la media académica de la escala de MTM amén de los que estudian distintas titulaciones a la par que sirven en las FAS. Eso en cuanto a haber obtenido más formación. Ahora bien, vista la emigración (o exilio económico, o fuga de talentos) de titulados o la de trabajadores sobrecualificados que sólo obtienen empleos precarios… ¿de verdad estamos volviendo al “haber estudiado” ahora para la vida civil? ¿De verdad estamos volviendo a culpar a la víctima por el hachazo del verdugo?

“No han querido ascender, se vive bien de antiguo”. Como digo, los militares también forman familias, se establecen en lugares, tienen querencias por su tierra natal, de adopción o ese lugar que los cautiva. Esta bohemia geográfica que te ata a algún sitio tan bien vista entre artistas (por ejemplo Sabina, el ubetense que se siente madrileño) en realidad la viven todo tipo de personas. Los militares también. A veces hay motivos para no querer un ascenso, como tener que desplazarse de dicha zona geográfica (ojo, hablamos de un destino en tiempo de paz y no de una misión que ya están aceptando desde que entran en las FAS), sentir que se ha tocado techo (no es habitual pero ocurre y es honrado reconocerlo) o las motivaciones que sean. El no querer ascender no debe ser excusa para pensar que se es un vago o que sólo se pretende vivir bien siendo el antiguo dentro de tu empleo. Tampoco debe ser razón para echar al militar a la calle. Lo que sí debe ser razón para mantenerlo en las FAS es que cumpla oportunamente con sus labores, que sea competente y que contribuya con su esfuerzo a la operatividad de su unidad. Y eso un militar con experiencia lo tiene y lo transmite a sus compañeros más modernos (a esos “pelones” que acaban de llegar).

Valga como ejemplo el caso de E. S., un Cabo que, además de militar, es padre de una niña con parálisis cerebral. Un hombre que, además de cumplir con las obligaciones de su puesto con la abnegación que se le supone, ha estado de hospital en hospital y cuidando de su hija con la especial atención que esa hija necesita. Y, repito, sirviendo a pesar de los desvelos por su pequeña. Como para soportar además la rigidez, horas de decicación, estrés y falta de sueño que implican por sí solos los cursos para acceder a las escalas de Suboficiales y Oficiales. Habría que tener muy mal fondo para pensar que este buen militar y mejor padre no quiso ascender por vivir bien de antiguo, no quiso ascender para estar en la puerta de su casa, quiere que le den algo que no se ha ganado o, simplemente, no ha querido estudiar. E.S. ha demostrado dedicación, abnegación y sacrificio y sin embargo, cuando cumpla los 45 años, el cumplimiento de estos valores y deberes para con su unidad y su familia encontrarán una nefasta recompensa: la patada de un Ministerio que lo manda de vuelta al paro, con una mano delante y la otra detrás. Como dice esa frase antigua, “así paga el diablo a quien bien le sirve”.

Y me esfuerzo en rebatir las excusas, los pseudoargumentos, las sandeces que esgrimen los defensores del actual modelo, porque culpar a los militares temporales de su expulsión a los 45 años es como culpar a la víctima del hachazo del verdugo. Es culpar al preferentista de ser estafado, al pensionista de ser recortado, al trabajador sobrepreparado de su empleo precario o exilio económico, es culpar al trabajador que perdió su empleo con la estafa crisis de estar en paro, sin ayudas y endeudado hasta las cejas. Es culpar al pobre por ser pobre y dejar al culpable de rositas. Porque el gobernante debe lograr que el pobre deje de serlo, que el trabajador pobre no se vea desahuciado, que el pensionista tenga una pensión digna o que un banquero corrupto no venda preferentes. Y por supuesto, como no puede ser de otro modo, no debe dejar en la calle a nuestros soldados.

Dedicado a la asociación #45sindespidos porque por fin nuestros soldados comienzan a movilizarse. Cuando se crea una asociación por y para soldados, la batalla está ganada. Al fin y al cabo, se están metiendo con quienes entran en batalla.

Fuente: Blog

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