Jose F. Villamil “De la crisis a la oportunidad”

Se dice que en chino la palabra crisis se escribe igual que oportunidad. Más allá de la certeza de la literalidad de dicha afirmación, la realidad es que de la necesidad, crisis, es de donde surgen las mejores ideas, oportunidades.

Es evidente el cuestionamiento del mecanismo de la Reserva de Especial Disponibilidad como instrumento para drenar el personal sobrante de la FAS, y evitar su ya evidente envejecimiento. Dos son los principales puntos de polémica.

1º La falta de oportunidades para el personal de tropa, que en base a la experiencia tienen razones más que suficientes para sentirse abandonados a su suerte tras más de 20 años de servicio a su país.

2º El aparente coste para el sistema que supone pagar a este personal. Un problema que evidentemente se agravará con el tiempo a medida que crezca el número de militares es esta situación.

Ambos problemas están interrelacionados, y de la solución del primero surge la solución al segundo. Dar una “paga” durante 20 años a una persona solo por su compromiso a responder a su posible remota activación, es un aparente “derroche”, por otro lado no mayor que una multitud de subvenciones y subsidios que se distribuyen dadivosamente sin requerir de esas personas dar más de 20 de los mejores años de su vida a servir a su patria, viendo limitados sus derechos fundamentales por el camino.

No se tiene en cuenta sin embargo que de permanecer este personal en las Fuerzas Armadas, el coste sería mucho mayor, a la par que se impediría la necesaria renovación y rejuvenecimiento del personal (un hecho que en mi opinión debería darse en todas las escala y no únicamente en la de Tropa o Complemento).

Pero más importante aún es el hecho de que este personal solo es un “coste social” si se le niega el derecho de aportar su experiencia y saber hacer a la sociedad. Un “RED” que esté activo en un trabajo digno y en alta a la Seguridad Social, a buen seguro aporta de forma directa e indirecta mucho mas beneficio económico y social, de lo que supone la compensación por su retiro.

Es por ello que la miopía y desidia por parte del alto mando militar y el Ministerio de Defensa a la hora de propiciar y facilitar la inserción laboral de este personal en la vida civil, es doblemente criticable y cuestionable. Primero por la falta de lealtad hacia sus subordinados que supone el abandono a su suerte, y segundo el casi criminal desperdicio de recursos que deriva de esta ineficacia y dejadez.

Solo en una sociedad tan mediocre y cortoplacista como la actual, es posible que falte la visión empresarial para darse cuenta del valor añadido que este personal supone como recurso humano. A las inherentes cualidades y valores profesionales y personales adquiridos durante años de disciplina militar, se une un sobresueldo de 600 euros a añadir al sueldo por su trabajo. Cualquier técnico de RRHH que no hubiera sacado su titulo en la mediocre universidad española se daría cuenta del preciado recurso que el Estado le ofrece sin coste adicional.

Un trabajador con una disposición y actitud excepcional para el servicio, interiorizados tras más de 20 años de compromiso social, con un enfoque y perspectiva diferente a la hora de afrontar problemas y asumir responsabilidades, por el que además el Estado contribuye con 600 euros en mejorar su sueldo, aumentado por tanto motivación laboral al sentirse más satisfecho con su retribución que el resto de sus compañeros.

Siendo así de evidente las ventajas inherentes para la empresa privada, del reclutamiento del personal exmilitar, parece aun más patética la incapacidad o desinterés de Sapromil y el Ministerio de Defensa para transmitir a la sociedad y en especial a la Empresa, el valor añadido y potencial de estos exclusivos recursos humanos que ofrece tan generosamente al mercado.

Estos sencillos argumentos deberían ser más que suficientes para que las empresas se rifaran al personal de tropa una vez finalizaran su servicio militar. Sin embargo, existen otras muchas medidas que se pueden y deben adoptar para facilitar la inserción social, y el aprovechamiento de sus cualidades, aptitudes y actitudes, para lo cual volveré a abusar del ofrecimiento de este medio de facilitarme una tribuna es expresión, para exponerlo en otro artículo.

Son las crisis las que nos obligan a esforzarnos, innovar y adaptarnos, haciéndonos más fuertes y resilientes. La Reserva de Especial Disponibilidad, lejos de ser un coste o una amenaza para los presupuestos públicos, puede convertirse en una sinergia, una oportunidad. Solo hace falta voluntad política.

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