Jose F. Villamil Calva “De la Actitud a la Aptitud”

Cuando hace 22 años ingresé en como Oficial de Complemento de las Fuerzas Armadas, tenía muy claros mis objetivos. 12 años de servicio militar, mientras seguía reforzando mi formación académica, eran parte indispensable de mi desarrollo y crecimiento personal. Siempre vi el ejercicio de la profesión militar desde una perspectiva más “anglosajona”. Luego el cambio de la Ley y los hijos me hicieron plantear la conveniencia de aprovechar “el retiro de media paga” que se me ofrecía.

Pensaba entonces y sigo pensando ahora que la milicia no debería ser una profesión sino un servicio a la Patria y sus ciudadanos. Desde mi particular perspectiva, es un desperdicio que las habilidades y experiencias que adquiere el militar en el desarrollo del ejercicio de su actividad, no se aprovechen en beneficio de la sociedad civil, tal y como suele hacerse en el mundo anglosajón o Israel, el país con mayor numero de starts ups del mundo.

Sé que en país de la sopa boba, el empleo fijo es una tentación irresistible, y que el mercado laboral español no anima a aventuras por productivas y enriquecedoras que estas puedan parecer. La cruda realidad es que hoy en día el panorama que se le presenta a un militar de tropa tras más de 20 años de servicio, es más que desolador por diferentes razones, unas estructurales y otras que son responsabilidad de la dejadez del Ministerio de Defensa. Mal ejemplo dan los oficiales de carrera que salvo muy ocasionales excepciones se agarran a sus mal pagados y en muchos caos poco estimulantes puestos, ya en la medianía de sus carreras, como para fomentar en sus subordinados el impulso de dar el salto a la vida civil.

Las razones estructurales son bien conocidas y afectan a la generalidad de la sociedad. Entre ellas la más penosa e injusta, es la barrera de entrada en el mundo laboral a partir de cierta edad, especialmente cuando se carece de una especial cualificación deseada y necesitada por el mercado.

Sin embargo, a esto se une la patológica incapacidad del Ministerio de Defensa para crear las óptimas condiciones para la inserción laboral del personal que finaliza su servicio militar a España. Una mezcla de desidia, desinterés e incapacidad que amenaza la oportunidad económica que supone la sinergia de la experiencia y formación que decenas de miles de exmilitares pueden aportar en el sector público y privado.

Gran parte de los puestos de las modernas Fuerzas Armadas requieren conocimientos y habilidades complejas, unas más fácilmente equiparables con la realidad civil, y otras como las de las unidades de combate no tanto, pero ejemplarizantes de la capacidad de aprendizaje del militar. Desgraciadamente la mayor parte de la sociedad aun cree que un soldado apenas sirve para desfilar y pelar patatas, “como cuando se hacía la mili”. La realidad es que un “humilde” fusilero acumula a lo largo de los años miles de horas de formación continua en las más variadas materias., primeros auxilios, radio, topografía, armamento, táctica, identificación de materiales, control de masas… . Formación que garantiza la máxima capacidad y disposición para el aprendizaje y puesta en práctica de lo aprendido.

Pero más allá de la experiencia profesional a veces de difícil equiparación laboral, Las fuerzas armadas ofrecen algo mucho más importante y exclusivo, ACTITUD.

Cuando en las postrimerías del fin del servicio militar hace ya más de 20 años recibía a los nuevos reclutas, siempre parecía que nada se podría hacer con esa nueva panda de “criajos atontados”. Dos meses eran suficientes para poder compararlos con la “nueva hornada” que llegaba, y ver el cambio de actitud. La milicia desde luego imprime un carácter y una perspectiva, que difícilmente puede lograrse fuera de ella. La formación en valores, disciplina, lealtad compañerismo, espíritu de sacrificio, compromiso con la misión, afán de superación… que forjan el espíritu de Cuerpo de cualquier unidad militar y el orgullo de cualquier soldado, así como la educación y respeto que abre todas las puertas, es el principal activo del militar y debe ser su carta de presentación social.

Ante el individualismo y el egoísmo que fomenta la sociedad moderna, la profesión militar enfrenta espíritu de unidad, el compañerismo y la satisfacción del deber cumplido. Como bien decía Calderón de la Barca ya hace siglos, la milicia en una religión de hombres honrados.

Frente a la duda, el escaqueo y el miedo a las responsabilidades que se observa en la sociedad civil, el militar contrapone el compromiso, la resiliencia, la adaptación al cambio, el espíritu de superación y la valentía a la hora de tomar decisiones y asumir sus consecuencias.

Todas estas cualidades propias del militar, le hacen un valioso activo profesional que en las grandes potencias económicas saben buscar, valorar y aprovechar. Desgraciadamente en España, esto no es así por diferentes razones.

Evidentemente hay una falta de capacidad y/o interés en trasladar a la sociedad civil y especialmente al sector empresarial el valor añadido que supone la inserción laboral de personal procedente de las Fuerzas Armadas. Tampoco se ha tomado media alguna que favorezca este trasvase.

Ante el desolador panorama laboral que se les presenta, es natural y legitimo que el personal de tropa aspire a permanecer en las Fuerzas Armadas, con el mismo ahínco que lo hacen sus mandos. Es curioso como quienes no quieren asumir la problemática de una clase de tropa envejecida no haga nada por favorecer las condiciones que fomenten e incentiven voluntariamente el trasvase de dicho personal a la vida civil haciendo del Ejercito una verdadera palanca de proyección social, tal y como hacen otros ejércitos modernos.

Hay muchas medidas sencillas y con nulo o escaso coste que se pueden tomar para favorecer la inserción laboral del personal militar en la vida civil. Pero creo que da para otro artículo.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.
(Calderón de la Barca)

Teniente I.M. (RED) Jose Federico Villamil Calva

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