Pedro Pitarch “A LOS JEM,s PARA QUE NO LES DEN…”

Lo que España gasta en defensa es un tema controvertido. Y no solo porque tal gasto sea mejor o peor acogido en función de ideologías, sino también porque es objeto de demasiado manoseo ―y hasta de trile―, a la hora de explicar las cifras. Se confunden interesadamente, por ejemplo, los conceptos de “presupuesto” y el de “gastos”. Y son distintos. Sin entrar en mayores tecnicismos o matices, el presupuesto de defensa es el consignado en la ley de presupuestos generales del estado. Mientras que los gastos de defensa son lo realmente gastado; se componen del presupuesto más otros gastos que no aparecen en él. Entre estos últimos estaban, hasta hace poco, las anualidades de los Programas Especiales de Armamento (PEA,s), que se aprobaban mediante Real Decreto-ley. Y se mantienen, fuera del presupuesto ordinario, los gastos originados por las llamadas “operaciones de paz” en las que participa España.
Defensa ha vendido astutamente la falacia de que el presupuesto de defensa de 2017 ha subido un 32% con respecto al de 2016. Y, sin embargo, no se ha mencionado lo suficiente que los gastos no han variado. Porque lo que ha cambiado en 2017 es la forma de contabilizar los dineros, y ese 32% corresponde a las anualidades para los PEA,s correspondientes a 2016 (711 millones €) y 2017 (1.107). Forma de pago que, a recurso de la oposición, el Tribunal Constitucional (TC) sentenció lo que era obvio: que el sistema del RD-ley elegido por el ministro Morenés para pagar los PEA,s no era de recibo. Es por ello que ese cacareado 32% de aumento del presupuesto en realidad significa un 0% de incremento de los gastos.
En fuentes del ministerio de defensa se dice que, descontadas las dos anualidades de los PEA,s, el incremento ha sido del 0,6%. Porcentaje que, al contrastarlo con la subida del IPC, que es superior a 0,6%, permite concluir que las partidas para la operatividad de las FAS en 2017 se han mantenido constantes o disminuido ligeramente con respecto a 2016. Me viene a la memoria lo que ya escribí hace algún tiempo en esta misma página, “si los de siempre dejaran de saquear los fondos públicos habría dinero para, entre otros objetivos, incrementar la operatividad de las FAS”.
Por otra parte, las misiones en el exterior se financian con créditos ampliables del fondo de contingencia. Es un sistema bueno, que permite no escatimar gastos que son necesarios para la seguridad de las tropas y la ejecución solvente de las operaciones. Pero no figuran, más que en una cantidad simbólica, en el presupuesto de defensa. Como su montante real viene siendo de alrededor de 800 millones € anuales, puede aventurarse que el total de los gastos de defensa de 2017 será de alrededor de los 9.000 millones €. Es decir, en torno al 0,9% del PIB.
Fijando ideas, de todo lo anterior sobresalen dos conclusiones. La primera es que, con el presupuesto de 2017, no se ha iniciado todavía el camino hacia el objetivo 2% del PIB comprometido por el Gobierno en la cumbre de la OTAN (Gales, 2014). Compromiso reiterado recientemente, ante la demanda de la Administración Trump a sus aliados, por la ministra De Cospedal.
La segunda conclusión se refiere al presupuesto de defensa para 2018. En ese año solo habrá que pagar una anualidad (del 2018) por PEA,s. Esto quiere decir que, para alcanzar un nivel de gasto similar al de 2017, ya hay como mínimo, de entrada y tirando por lo bajo, 711 millones € disponibles (los atrasos de 2016 presupuestados en 2017) que podrían ir, entre otros conceptos muy deficitarios, a operatividad. Si además se quisiera pasar del 0,9% del PIB al 1% del PIB (no me digan que no soy frugal y austero en mi objetivo), estaríamos hablando de un incremento algo superior a los 1.000 millones €. Bien que con ello España, en la estadística de 2018 de la OTAN, seguiría ocupando el tercer puesto por la cola en el gasto de defensa (detrás solo estarían Bélgica y Luxemburgo). En otros términos, el presupuesto de defensa mínimo para 2018 debería rondar los 9.200 millones €. Lo que supondría (sumándoles 800 millones € de operaciones en el exterior) unos gastos de defensa de alrededor de 10.000 millones €. Más allá de tecnicismos laberínticos, estas son las cifras que, en mi opinión, deberían tener presentes tanto el JEMAD como los tres santos (JEME, AJEMA y JEMA). Vaya, para que no les den… gato por liebre.
Me imagino que en el lobby de la industria de defensa (la prolífica y activa fauna agregada incluida) estarán frotándose las manos. Esperemos que no se coman ellos solitos la tarta en nuevas inversiones. Buena será la ocasión para reparar los múltiples déficits de funcionamiento en las FAS. Esos de los que hablaba el JEMAD en su comparecencia ante la comisión de defensa del congreso de los diputados, el pasado 25 de abril: “la seguridad, la libertad y la defensa no son gratis” (…)“las restricciones en el capítulo 2 se traducen en el ET y la Armada en un detrimento de la operatividad de las unidades no integradas en la Fuerza Conjunta, y en el EA ha llegado a provocar una disminución de las tripulaciones debidamente cualificadas” (…) “en el periodo 2016-2017, el ET se ha visto obligado a implementar un plan de empleo reducido que ha inmovilizado el material en un 40%”. Y usted que lo vea.
Fuente: Blog

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