Guillermo Herrera “¿Por qué soy militar?”

Odio la guerra y la violencia como el que más, pero amo a mi Patria y a las virtudes humanas de la milicia: honor, heroísmo, compañerismo, solidaridad, caballerosidad, etc.
Sólo los santos y los héroes ofrecen su vida por unos valores superiores a sus propios intereses personales. Y estos valores no los he encontrado en ningún otro sitio que en la vida militar.

En mayo de 1.969, cuando tenía 18 años, ingresé como voluntario en el CIR-6 (Centro de Instrucción de Reclutas) de Viator (Almería) sin saber dónde me metía. Vi el aterrizaje del Apolo XI en una pequeña televisión que había en el cuerpo de guardia, sin dar crédito a lo que veían mis ojos.

Era un muchacho de clase media que no estaba acostumbrado a las durezas militares, y los primeros días tenía que esconderme para llorar en privado, porque me parecía haber entrado en un campo de concentración nazi, pero me adapté al ambiente rápidamente, y comencé a amar la vida militar y la búsqueda de la perfección humana en la disciplina.

INGENIEROS

Tuve la suerte de ingresar en el cuerpo de Ingenieros, que siempre me ha encantado por su alta tecnología, y por mi vocación orientada hacia las telecomunicaciones, y poco a poco fui ascendiendo hasta llegar al máximo escalafón que pude, que fue Cabo Primero, que hacía las funciones de suboficial de guardia entre otros servicios.

En aquellos tiempos era muy duro ejercer el servicio de suboficial de semana en una compañía, porque cada unidad tenía más de trescientos reclutas y era muy difícil controlarlos a todos y hacer de niñera todo el día. Fue el trabajo más estresante que he tenido en mi vida.

Cuando terminé el servicio militar me fui a Madrid a estudiar la carrera de Periodismo, y me dio una depresión por la vida que dejaba, porque no sólo me hice un hombre, aunque suene a tópico, sino que además me encontré a mi mismo y empecé a confiar en mi propio poder interno, humano y divino.

AVIACIÓN

Ya de mayor tuve el privilegio extraordinario de ingresar como Reservista Voluntario en el glorioso Ejército del Aire de España, y salí de Alférez de Aviación especializado en el área de Relaciones Públicas, en el Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (SHYCEA), donde trabajé temporalmente como Redactor en la “Revista de Aeronáutica y Astronáutica”.

Elegí la Aviación porque siempre me han fascinado los aviones y los viajes espaciales, y he visto casi todas las películas de ciencia ficción. Cuando era estudiante universitario en Madrid pasaba las horas muertas en el Aeropuerto de Barajas contemplando el despegue y el aterrizaje de los aviones, magníficas joyas de la tecnología moderna.

Mi sueño dorado hubiera sido ingresar en la Academia de la Flota Estelar para salir de Oficial y participar en las maravillosas aventuras de la serie “Star Trek”. Espero hacerlo en una vida futura, porque creo en la reencarnación.

En mi vida he cometido muchos errores, pero el mayor acierto de mi vida ha sido trabajar en las Fuerzas Armadas de España, una potencia cultural en el planeta, por la cantidad de personas que hablan nuestro idioma.

FILOSOFÍA

No soy un Rambo, ni un mercenario, ni un carnicero, sino un Guerrero de Luz que trata de trabajar por el bien de toda la humanidad con el arma más poderosa que existe, que es la Verdad, y con el corazón compasivo hacia el sufrimiento de mis semejantes, y financiado por la mayor riqueza del universo que es la generosidad desinteresada.

“La mejor victoria es vencer sin combatir.” Como dice el autor chino de “El arte de la guerra” Sun Zi o Sun Wu, uno de los libros más antiguos que se han escrito sobre el tema. Para obtener la victoria basta con imponer una superioridad moral para “poder vencer sin llegar a la batalla”. Por eso, lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla.

Los militares españoles solemos caer bien en todos los países del mundo porque no vamos a conquistar ni a dominar a nadie, sino a ejercer misiones humanitarias de paz de la ONU y así evitar derramamientos de sangre.

GLORIA INFINITA

Y por supuesto que la muerte no es el final, porque el cuerpo humano sólo es un instrumento sagrado del Espíritu que nos ha regalado nuestro bendito Creador con el fin de experimentar este universo y aprender lecciones para el crecimiento del Alma.

Ningún soldado que cae en batalla heroicamente es abandonado jamás, sino que su Alma es recogida por el bendito Cristo de la Buena Muerte, que lo resucita en su cuerpo de luz, y lo lleva al paraíso de los héroes.

He sido bendecido para nacer en un país de gloria milenaria como España, y para tener discernimiento a la hora de escoger el camino del bien, y no perderme en los muchos laberintos tenebrosos que existen para la perdición de las almas.

¡Gloria a la Fuente Original de la creación universal, gloria a España y gloria a toda la humanidad! Y un fuerte abrazo para todos los hermanos hispanos.

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