Antonio J. Sanchez “El gatopardismo y el individualismo español”

El gatopardismo es un término que se usa en la Ciencia Política. Este hecho, “cambiar algo para que nada cambie, tiene su origen en la novela El gatopardo del novelista Guiseppe Tomasi di Lampedusa. Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. ¿Qué sucederá después?…tratativas pespunteadas de tiroteos inicuos ora que después todo siga igual, pese a que todo habrá cambiado.

La subcomisión de Defensa sigue trabajando arduamente. No debe de ser fácil la solución que propondrán. Perseveran en cambiar, derogar, promulgar una ley que nunca debió de existir.

¿Qué empeño hay en disponer de una Ley de tropa y marinería?. O mejor dicho, de una Ley para tropa y marinería temporal?. Porque ya sabemos que los permanentes se rigen por la Ley 39/2007. ¿Por qué las Asociaciones de militares de tropa y marinería no se oponen a las más que seguras modificaciones gatopardianas o lampedusianas?.

¿No se dan cuenta de que la profesión militar es una sola cosa con independencia de las categorías o empleos que ostenten sus miembros?

Hay que oponerse a que otra barbaridad igual a la de 2006 se apruebe en el Congreso. No hace falta una Ley para la tropa, y mucho me temo que si alguna termina cociéndose, no debería llamarse de tropa y marinería sino Ley lampedusiana para la tropa y la marinería temporal española.

Pero es que, además de lo anterior, entra en juego el individualismo español.

“En España sólo hay dos soluciones racionales para el porvenir: someternos en absoluto a las exigencias de la vida europea, o retirarnos en absoluto también y trabajar para que se forme en nuestro suelo una concepción original, capaz de sostener la lucha contra las ideas corrientes, ya que nuestras actuales ideas sirven sólo para hundirnos, a pesar de nuestra inútil resistencia.”.

Y es que el soldado peninsular “se encoge y se aflige y como que se ahoga cuando se ve anulado en una gran masa de tropas, porque adivina que no va a obrar allí humanamente, sino como un aparato mecánico”.

Este individualismo guerrero no debe confundirse con el espíritu de agresión que a veces se atribuye al carácter español, como si fuera parte de su espíritu territorial. “El espíritu de agresión que generalmente se nos atribuye, dice Ganivet, es sólo una metamorfosis del espíritu territorial: ha podido adquirir el carácter de un rasgo

constitutivo de nuestra raza por lo largo de su duración; pero no ha llegado a imponérsenos, y ha de tener su fin cuando se extingan los últimos ecos de la política que le dio origen”. (Ängel Ganivet”).

Se dice, se cuenta, se rumorea que un Sr. suboficial, revestido del individualismo español que tanto arraigo tiene en esta nuestra piel de toro, y que Ángel Ganivet retrató magistralmente, en plena subcomisión de defensa apostilló que un soldado con 45 años no puede subir una cota, y que él (el Sr. suboficial) está “cabreado” porque le dijeron que alcanzaría el empleo de comandante y, si acaso, con el cambio normativo, lo que sumará será un ángulo más en su empleo. Le importa un pepino a este señor la tropa. El es individualista, está enfadado con el Ministerio y con sus prolijos cambios de órdenes ministeriales hoy llamadas órdenes def. “O jugamos todos o rompo la baraja”, refrán español omnipresente en nuestra común vida.

Para terminar citare de nuevo a D. Ángel Ganivet: “En la Edad Media nuestras regiones querían reyes propios, no para estar mejor gobernadas, sino para destruir el poder real; las ciudades querían fueros que las eximieran de la autoridad de esos reyes ya achicados, y todas las clases sociales querían fueros y privilegios a montones; entonces estuvo nuestra patria a dos pasos de realizar su ideal jurídico: que todos los españoles llevasen en el bolsillo una carta foral con un solo artículo, redactado en estos términos breves, claros y contundentes: «Este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana»”.

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